Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Laso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Laso. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Sin defensa la calidad se queda corta

El Real Madrid de baloncesto ha experimentado en los últimos años una montaña rusa de emociones. La mayoría de ellas han sido buenas, pues no cabe duda de que el equipo de Laso ha hecho el mejor juego de la sección en las últimas décadas. Sin embargo, es inevitable tener la sensación en estos momentos de que los títulos cosechados no se ajustan a los merecimientos realizados sobre la cancha, especialmente la temporada pasada. No se puede olvidar que el gran objetivo - la Euroliga- sigue sin conseguirse y que este año la Final Four se jugará en Madrid. Pero en pleno mes de diciembre las sensaciones que transmite el equipo siguen siendo más malas que buenas.

Nos encontramos en el cuarto proyecto de Laso, el cual es quizá el más ambicioso del club en años. La perspectiva de que la final de la ansiada Copa de Europa se juegue en 2015 en el Palacio de los Deportes ha espoleado al club para aumentar su apuesta por el baloncesto. Así, esta temporada la plantilla es de 13 jugadores, todos ellos de primerísimo nivel. Entre ellos el denominador común es la experiencia, pues con la llegada de hombres como Nocioni o a Ayón se ha buscado dotar al equipo delinstinto 'ganador' que probablemente se echó en falta en mayo en Milán a la hora de sacarse las castañas del fuego ante el Maccabi.

Sin embargo, la 'columna vertebral' del equipo se ha mantenido. Es decir, el equipo sigue tieniendo en nómina a sus mejores jugadores: Rudy, Llull, Sergio Rodríguez, Carroll, Felipe Reyes, Slaughter, Bourousis o Mejri. Y los que han venido se podría decir que han mejorado a los que se han ido, o al menos son capaces de igualar su rendimiento. Nocioni ha venido con la difícil papeleta de sustituir a Mirotic y por el momento lo está consiguiendo, pues es uno de los jugadores más en forma de la plantilla. Mientras tanto, Campazzo, Maciulis, Rivers o Ayón están perfectamente al mismo nivel o por encima de Draper, Darden o Dani Díez.

Jugador por jugador creo que el Real Madrid actual tiene la mejor plantilla de, probablemente, los últimos 20 años. En ninguna de las tres temporadas anteriores Laso manejó un equipo tan amplio, tan versátil y con tanta calidad. Pero a pesar de eso  sorprendentemente se está jugando mucho peor que el año pasado. Lo que hace 12 meses era una 'máquina engrasada' con todas sus piezas perfectamente ajustadas hoy da la sensación de ser un grupo donde reinan las individualidades y la anarquía. La sensación que se percibe es de cierta involución, de retroceso en el juego del equipo, pues cada día y cada partido se repiten una y otra vez los mismos errores en defensa, en intensidad y en el rebote, por decir algunos.

Pablo Laso y BourousisNo cabe duda que la gran lección que aprendió este club el pasado curso es que los títulos no se ganan en diciembre, sino en mayo. De nada sirve arrasar a principio de la temporada si luego juegas las finales y las pierdes. Por eso no es momento de que cunda la alarma por el mal juego de los últimos días, pues hay tiempo para arreglarlo. 

Pero hay que cambiar algo y, a ser posible, en defensa. El Madrid de esta temporada es un equipo que concede de media entre 75 y 80 puntos por partido. Y con esos registros será imposible ganar títulos, por mucho que tenga el mejor juego ofensivo de Europa. La defensa sobre el juego exterior rival es prácticamente inexistente y sin ella es mucho más complicado rebotear o robar para hacer el baloncesto que mejor sabe hacer esta plantilla, que no es otro que el de correr.

En este sentido es el momento de que Laso dé un golpe en la mesa. Bien es cierto que el Madrid sigue siendo líder de la ACB y de la Euroliga, pero también lo es que desprende la sensación de que gana porque simplemente tiene más talento que su rival, no porque haga mejor las cosas que ellos. Las individualidades le han salvado la papeleta a este equipo en demasiadas ocasiones, especialmente en la Euroliga en canchas como la del Khimki, Zalgiris o el Nizhny. Y eso se debe tomar como un serio aviso, porque sin defensa y sin trabajo en equipo será casi imposible superar a conjuntos como el Barcelona, el Unicaja, el CSKA, el Olympiacos o el Panathinaikos.

Los grandes entrenadores no sólo se ven en las victorias, sino también en las derrotas y los malos momentos. Y el vitoriano está ante un momento muy importante en su carrera. Todavía cuenta con margen para corregir el rumbo y tomar las riendas del equipo para encauzar su camino antes de llegar al primer acontecimiento clave de la temporada, la Copa del Rey. Pero urge empezar a notar su mano tanto dentro como fuera de la pista. Él ha demostrado que es un gran entrenador y que ha sido capaz de 'resucitar' a esta histórica sección para volver a colocarla entre las mejores. Y ahora no le queda otra que demostrar también que puede motivar a la plantilla tras tres años y medio de trabajo juntos, pues la ilusión por conseguir la Euroliga debe pesar más que el lógico desgaste provocado por las decepciones pasadas. En sus manos está la apuesta ganadora del club.

miércoles, 1 de octubre de 2014

A Laso se le multiplican los caminos

Muchos quizá en junio no apostaban por ello, pero el cuarto Real Madrid de Laso ya está en marcha. El club supo tener paciencia y sangre fría y no cedió al impulso de destituir al vitoriano tras consumarse la enorme decepción que supuso no ganar la Liga o la Euroliga. Y es que la campaña del equipo blanco se resumió en un 'mucho ruido y pocas nueces' donde el espectacular baloncesto del equipo sólo pudo conformarse con la conquista de dos títulos menores como la Supercopa y la Copa del Rey.

Real Madrid de baloncestoEl golpe anímico de la final de Milán fue enorme. Se podría decir que en esa maldita final ante el Maccabi se acabó la temporada para el Real Madrid. Más que nada porque en los siguientes partidos el equipo sólo fue una sombra de lo que había sido unos pocos días antes. La campaña tuvo su colofón demasiado temprano, el del 100-62 al Barcelona en las semifinales. Un resultado que muchos madridistas no olvidaremos en la vida, aunque a la larga sólo fuera el inicio de una debacle inesperada.

Al final de temporada la sensación fue de haberse llevado un suspenso claro a pesar de que el año no acabó ni mucho menos en blanco. Pero aún así pesó la trayectoria de Laso y la ilusión que en este último tiempo había generado su equipo. Por mucho que estemos hablando del club de las ocho Copas de Europa, jugar dos finales de Euroliga consecutivas es un magnífico bagaje para una institución que se ha pasado casi dos décadas viendo estos partidos por la televisión. Por eso la dirección del baloncesto dio al técnico una nueva oportunidad, la que se había ganado a base de trabajo en los tres años que llevaba en el banquillo.

Y ahora en esas estamos. La sensación es que el club ha perdido un par de magníficas oportunidades de pasar a la historia coronándose en Europa. Pero probablemente por esto también merece la pena seguir intentándolo, porque la generación de Sergio Rodríguez, Llull, Rudy y Felipe no merece despedirse dentro de unos años sin haberle puesto la guinda a esta trayectoria. En consecuencia, con la continuidad del núcleo del grupo la apuesta sigue estando clara: hay que seguir intentándolo. Y el Madrid lo va a hacer con una plantilla muy reforzada que pone al servicio del entrenador un enorme abanico de oportunidades.

En este sentido el club ha doblado su apuesta. Conscientes de que la plantilla acabó desfondada la temporada pasada por una combinación de cansancio y lesiones, los responsables merengues han aceptado cerrar un grupo de 13 hombres de primer nivel. Este año el Madrid ha ido por la vía rápida y ha confeccionado un conjunto que mezcla veteranía, talento y 'mala leche'. Justo lo que probablemente le faltó el año pasado al equipo para triunfar. Los 5 nuevos fichajes son hombres bastante contrastados y de perfil variado, lo que a la larga Laso acabará agradeciendo por la multitud de opciones que se le presentan a la hora de plantear los partidos.

De cómo gestione el entrenador esta plantilla dependerá el éxito a final de la temporada. Por ahora las dos únicas referencias válidas son los partidos de Supercopa de la pasada semana, en los cuales el técnico pareció repartir de forma bastante equilibrada los minutos. Si se trató de una casualidad o de una declaración de intenciones lo sabremos en pocas semanas. Lo que sí está muy claro es que esta temporada la plantilla es más profunda y tiene más experiencia que la del año pasado. Se nota que en el club han querido darle una nueva vuelta de tuerca al equipo, quizás para afrontar la temporada como una última oportunidad para este proyecto maduro. Además, este curso la final europea será en Madrid y eso plantea una estupenda oportunidad de ponerle el broche de oro a este proyecto. Pero tampoco repitamos los viejos errores de precipitar los acontecimientos y empecemos de nuevo de cero teniendo muy presente a lección que sacamos del curso pasado: los títulos no se ganan en noviembre o en diciembre, sino en mayo y junio.

domingo, 29 de junio de 2014

Laso no merece dudas

Las malditas dudas. Tras tres años de tregua otra vez estamos igual que siempre. O al menos, que en las últimas dos décadas. Porque desde mediados del 90 el Real Madrid de baloncesto no ha pasado más de un trienio sin tener deseos de autodestrucción, de hacer 'borrón y cuenta nueva' para con la esperanza de que alguna vez suene la 'flauta' y por fin llegue la novena Copa de Europa. Laso llegó en 2011, por lo que el plazo se cumple este verano y parece que la tradición no va a faltar a su cita. De hecho ya estamos escuchando cómo hay voces que ponen en duda la continuidad del técnico y, por ende, de un proyecto que no merece un abrupto y triste final.

Impaciencia. Es una palabra que a este club le ha hecho muchísimo daño en los últimos años, tanto en fútbol como en baloncesto. El Real Madrid es la institución deportiva más importante del mundo y eso tiene el precio. El de tener la exigencia permanentemente aferrada al cogote obligando año tras año a ganar todo; a pesar de que el fútbol y el baloncesto no son una ciencia exacta y no siempre gana el que tiene mejor equipo o el que hace un juego más vistoso. El equipo de la canasta lo ha podido comprobar este año, un curso en el que ha labrado el mejor baloncesto FIBA de los últimos años a cambio de desfondarse durante el tramo final de temporada. En esta ocasión la realidad ha sido cruel y ha dejado claro que de nada sirve lucirse antes de marzo si luego no se remata el trabajo a la hora de jugar las finales.

Durante años he visto cómo esta sección merengue penaba sin un rumbo fijo. Han sido temporadas de dar palos de ciego y de fichar jugadores de medio pelo sin ton ni son, en un ejercicio casi más de azar que de fe en las propias posibilidades. Durante muchos años el club ha confiado poco en su equipo de baloncesto y lo ha dejado arrinconado en un segundo plano, con unos tristes réditos que saltan a la vista: 16 años sin jugar una Final Four, 18 años sin ganar una Copa del Rey y cuatro míseras ligas en los últimos 20 años. Un bagaje de equipo de segunda fila e impropio del mejor club europeo de todos los tiempos.

Tras regresar a la presidencia Florentino Pérez se dio cuenta de la papeleta y renovó ilusiones. Fichó al mejor entrenador posible, Messina. Pero el italiano no encajó en el proyecto y duró meses. Se volvió a empezar por enésima vez. Y el siguiente plan fue optar por un perfil más bajo, el de un hombre joven y buen conocedor de la casa: Pablo Laso. La apuesta fue arriesgada, pero mereció la pena. Por una vez en mucho tiempo el Real Madrid trabajó desde la paciencia, la humildad y apostó por el baloncesto de ataque. Ya tocaba que todo volviese a ser como antes. La misión costó, pero poco a poco la labor se fue imantando hasta traer todos los títulos nacionales.

Pablo LasoUna Liga ACB, dos Copas del Rey y dos Supercopas de España en tres años. Dos subcampeonatos de Europa y dos subcampeonatos de Euroliga. Así se resumen los tres años de Laso en el Real Madrid. Luces y sombras, pero un denominador común: finales. La obligación de este club por historia es competir siempre todos los títulos y estar siempre peleando los trofeos a la hora de la verdad. Se podrán ganar luego o no, pero este club necesitaba sentirse protagonista. Y Laso ha hecho el trabajo más difícil, el de coger un equipo despedazado para reconstruirlo, darle una identidad, un juego y ponerlo otra vez en el panorama internacional. Porque por mucho que el Real Madrid tenga ocho Copas de Europa en sus vitrinas no se puede obviar que en 16 años nadie fue capaz de llevarle hasta una final de Euroliga.

Este año se han cometido errores. Empezando por unas rotaciones desequilibradas que han sobrecargado de minutos a jugadores como Llull, Rudy o Sergio Rodríguez en partidos intrascendentes. Y siguendo por hablar y pensar en los árbitros a destiempo, como tras el primer partido de la última final. Tocará aprender la lección. Pero también es cierto que este equipo ha jugado como nadie en Europa en los últimos años. Ha batido récords de victorias y ha enamorado en cada pista en la que ha jugado. Eso ya es mucho, aunque los títulos no hayan venido detrás. Porque el buen baloncesto genera ilusión por sí solo y generalmente es un ingrediente básico de la receta del éxito. Si este año no ha sido así es porque el juego ha ido de más a menos y se ha agotado demasiado pronto. Un problema a estudiar, pero con presumible solución.

Sinceramente, estoy preocupado por la situación. Empiezo a percibir la misma sensación de inseguridad de antaño, esa ansiedad constante por ganar a costa de cualquier cosa. De cambiar por cambiar a la desesperada, de querer paliar una decepción con caras nuevas a pesar de que el equipo ha recuperado su sitio entre los más grandes. Algunos piensan que si se va Laso el entrenador que vendrá en su lugar hará uno o dos pequeños retoques. Lo dudo. Porque este Madrid lleva el sello de Laso, ha sido confeccionado por él. Y el que viniese ahora querría hacer lo propio para construir un conjunto a su medida.

Así pues, creo que con el cambio acabaría una etapa inolvidable. Y lo triste es que lo haría con la sensación de que el 'Laso Team' podía dar todavía más de sí y de que la Euroliga estaba al caer más pronto que tarde por simple cuestión de madurez. Ahora estamos inmersos en día se decisiones importantes, en los que existe una corriente favorable a regresar a la vieja estrategia del 'borrón y cuenta nueva'. La misma táctica que durante años solo nos ha traído desilusiones en cadena. Todo por simple impaciencia y por creer que hasta los títulos se llega siempre en línea recta. La presión de algunos para provocar el cambio va a ser muy fuerte en estas fechas, pero el club todavía tiene en su mano decidir qué quiere hacer: apostar por la paciencia manteniendo lo mucho que se ha hecho bien y cambiando lo poco que se ha hecho mal, o volver a empezar de cero y declarar el estado de incertidumbre. Yo, desde luego, tengo muy claro lo que haría.

jueves, 6 de febrero de 2014

La Copa, una magnífica vara de medir

Mucho se ha escrito en los últimos meses sobre el Real Madrid de Laso. Y la mayoría ha sido bueno, porque el conjunto blanco ha logrado el mejor inicio de la historia del baloncesto nacional, únicamente roto a finales del mes de enero por el CSKA, uno de los grandes aspirantes a la Euroliga. Sin embargo, todo lo logrado hasta ahora no ha sido más que la base de una buena campaña, pero a partir de ahora vendrán los partidos que dictaminarán si este equipo verdaderamente ha nacido para hacer historia en el palmarés.

18 victorias en 18 partidos de Liga Endesa, 14 triunfos en 15 de Euroliga y 2 de 2 en la Supercopa de España. En total, 34 encuentros ganados de los 35 que el Real Madrid ha jugado hasta ahora. Pero, ¿para qué han valido en lo clasificatorio? Más allá del título de Supercopa, lo cierto es que en la competición nacional por ahora estos resultados únicamente están sirviendo para poder acabar líderes de la temporada regular, lo que aseguraría ventaja de campo en los play-offs. Y en Europa más de lo mismo, pues los de Laso aspiran a liderar su grupo para tener unos cruces de cuartos asequibles y con la posibilidad de decidirlos en el Palacio de los Deportes.

Esto significa que de nada servirá todo lo hecho si a la hora de la verdad el Madrid no está a la altura en los partidos decisivos. Por delante queda lo más difícil. De hecho, todo empieza esta tarde, con el encuentro de cuartos de final de Copa del Rey ante el Herbalife Gran Canaria. Como es lógico el Real Madrid ha llegado a Málaga con la vitola de máximo favorito, lo que supondrá un plus de presión para el equipo. Y es que hay muchas expectativas puestas sobre la plantilla, por lo que cualquier cosa que no fuera llegar a la final podría ser visto como un fracaso.
La temporada pasada el conjunto blanco también llegó como líder de la competición y como claro favorito, pero un cruce 'mortal' en cuartos ante el Barcelona lo apeó a las primeras de cambio tras dos prórrogas. Así que este año hay ganas de mejorar esta participación y de confirmar que el Real Madrid es el equipo más fuerte del país. Sin embargo, la cita no llega en el mejor momento, pues la planificación de Laso ha demostrado en los últimos años tener una ligera bajada de rendimiento físico para finales de enero y principios de febrero, para poco después volver a tener un buen pico de forma con el que afrontar la recta final de curso.

No en vano, en las últimas semanas las lesiones han llegado, pues jugadores como Carroll o Mirotic se han perdido algunos partidos. Además, es evidente que el Madrid ha bajado algo su intensidad defensiva durante las últimas semanas, producto del cansancio de algunos jugadores, especialmente de su juego interior. Aunque por fortuna esto no se ha traducido en derrotas, ya que por contra hombres como Llull o Rudy Fernández han dado un rendimiento espectacular en los días recientes.

En consecuencia, la Copa no llega en el mejor momento para el Real Madrid, pero aún así su nivel sigue estando por encima de prácticamente todos sus rivales. Se trata de una competición realmente bonita y de gran valor que permitirá empezar a medir de verdad las aspiraciones del conjunto de Laso. Hasta ahora el equipo ha jugado con red y ha solventado sus compromisos con matrícula de honor, aunque todavía queda confirmar su condición de máximo candidato a todo en la hora de la verdad. Hay mimbres reales para conseguir el triplete, pero lo más difícil está todavía por hacer. Por eso, la cita de Málaga será una magnífica prueba para calibrar cómo se comporta el 'Laso Team' en las reválidas que distinguen a los alumnos buenos de los brillantes.

sábado, 30 de noviembre de 2013

La excelencia solo se perfecciona con humildad

Dos años y un puñado de meses es el tiempo que ha tardado Pablo Laso en confeccionar el Real Madrid al que podía aspirar a su llegada. El equipo blanco logró con el título de Liga el espaldarazo de moral que necesitaba para creerse y saberse lo suficientemente bueno como para poder dominar el baloncesto español y, por qué no, el europeo en los próximos años. Por eso, el comienzo de temporada ha sido mejor que bueno, se podría decir que excelente. Pero no hay que bajar la guardia.

El madridismo ha pasado doce, quince años muy difíciles en lo que respecta a la sección de baloncesto. Bien es cierto que en los últimos tres lustros hubo chispazos esporádicos, como las etapas de Scariolo o Plaza, pero nunca fueron lo suficientemente sólidas como para pensar que el equipo podría tener un reinado prolongado en España y el 'Viejo Continente'. En muchas ocasiones el presupuesto se dilapidó en jugadores intrascendentes que lo único que consiguieron fue mantener al Madrid en la puja por los campeonatos nacionales. Pero poco más.

Ahora las cosas han cambiado. El Madrid ha empezado el año intratable, acumulando victorias escandalosas casi sin despeinarse. De pronto todas las piezas han encajado a la perfección, como una gigantesco y precisa maquinaria. La pasada campaña ya hubo síntomas de que algo grande se estaba cociendo, pero faltó algo de madurez y cabeza fría en los momentos claves, como en la segunda prórroga de los cuartos de final de la Copa del Rey o el segundo cuarto de la final de la Euroliga.

Las eliminaciones llegaron, pero el Madrid rescató la temporada ganando la Liga de forma brillante. Fue un momento clave en la etapa de Laso, ya que en caso de derrota el técnico hubiera quedado muy expuesto a las críticas. Sin embargo, por suerte no es más que un hipotético, porque el vitoriano se vio reforzado por el título y ahora acaba de renovar su contrato hasta el 2016 y la afición tiene el deseo y la esperanza de que esta 'bendita locura' no pare hasta junio.

No cabe duda que el Real Madrid es una de las tres o cuatro mejores plantillas de Europa en estos momentos. Si es la mejor es cuestión de gustos y matices. Pero cuenta con una ventaja diferencia que le da un plus respecto a los Olympiakos, Barcelona, CSKA o Fenerbahçe: es un equipo totalmente hecho. Solo ha incorporado a tres jugadores, a Mejri y Bourousis y Dani Díez. Y los tres han encajado a la perfección. El griego está siendo desde el primer día el pívot dominante que el club necesitaba como el comer y, lejos de dar problemas, ha hecho migas en el vestuario con gente como Mirotic.

Han sido tres pequeños y sabios retoques que han facilitado que el equipo tapara las pocas vías de agua que tenía, especialmente la defensa. Laso ha sabido confeccionar una plantilla con talento y unos cuantos 'picapedreros', jugadores como Slaughter, Draper o el propio Mejri que intimidan y realizan una aportación física de altísimo nivel. El técnico ha concebido a este equipo como una máquina defensiva al servicio de su mayor virtud en ataque: el contragolpe y la velocidad. Solo desde la anticipación y la agresividad atrás se puede concebir esta explosión ofensiva que está demostrando el Madrid estos primeros meses.

Y luego, por supuesto, está el tercer punto clave. El enorme crecimiento de diamantes en bruto como el 'Chacho', Mirotic o Llull. El hispano-montenegrino es insaciable en lo que respecta a autoexigencia y sus 22 años ya se puede decir que es el mejor ala-pívot de Europa (Orenga, por favor, la selección española no puede seguir dejando de lado a este jugador). Mientras tanto, el canario está a un nivel sublime y marca las diferencias en cada partido, marcando su mágico estilo. Y en lo que respecta a Llull, el balear ha alcanzado un punto de madurez que le hace más fiable y a la vez, más inteligente sobre la cancha.

Poco más se puede decir que no se haya visto ya de este Real Madrid. Con justicia se ha ganado el derecho a ser el máximo aspirante a ganar todos los títulos de esta temporada. Pero tengamos prudencia, porque este magnífico baloncesto solo tiene una pega. Y es que la 'casi' excelencia ha llegado demasiado pronto. Solo estamos a principios diciembre y resulta muy difícil imaginar a un rival que pueda ganar a este equipo. Sin embargo, lo lógico es que en algún momento dado lleguen las derrotas. Y habrá que estar preparados entonces, porque solo con humildad y sangre fría este equipo podrá perfeccionar su estilo y, de paso, cumplir con la lógica del éxito que dicta su juego actual.

domingo, 13 de octubre de 2013

Más que aspirantes, candidatos a todo

En estos días de dudas que vive el madridismo por el fútbol, el baloncesto asoma tal y como acabó la última temporada. El equipo de Laso ha tenido un arranque inmejorable al lograr la Supercopa de manera brillante. A día de hoy no cabe duda de que el Real Madrid es el mejor equipo de España en el deporte de la canasta, por lo que la nueva campaña permite aspirar a ganar los tres títulos que se pondrán en juego. Por delante hay un largo camino que recorrer, pero por lo pronto ya hay una cierta ventaja sobre un rival directo como el Barcelona.

El conjunto catalán terminó en junio pasado un ciclo. Quizás no de forma completa, pues todavía mantiene en su plantilla a jugadores que en los últimos años han marcado su identidad como Huertas, Sada, Navarro, Lorbek o Tomic. Pero sí parcialmente, pues los culés han cambiado prácticamente media plantilla con el objetivo de renovarse y poder limar las diferencias existentes con el Real Madrid. Y es que los blancos certificaron a principios de este 2013 que el gran dominador del baloncesto nacional son ellos, algo que no tenía lugar desde 2007.

Por primera vez en muchos años el Madrid tiene un proyecto estable y ganador. Laso acumula ya dos años en el banquillo, tiempo en el que ha conquistado cuatro títulos, un subcampeonato de Liga y un subcampeonato de Euroliga. La época de dudas sobre su labor ya ha pasado, pues el vitoriano ha demostrado que puede y sabe hacer crecer a un equipo grande para que aspire a todo. El campeonato de la ACB en junio fue el espaldarazo definitivo a su labor, por lo que ahora muy pocos se atreven a cuestionar sus méritos para ocupar el sitio donde se encuentra.

La premisa de trabajo de este verano ha sido la de mantener la columna vertebral del equipo y retocar justo su punto débil, el del juego interior. El esloveno Begic decidió irse por decisión propia, mientras que Hettsheimeir abandonó el equipo tras no contar prácticamente para el técnico. En su lugar han llegado dos jugadores que en conjunto podrán aportar bastante más que los que ya estaban: Bourousis y Mejri. El griego es un pívot veterano, de los mejores del continente, que promete dedicación en defensa, rebotes en las dos zonas y capacidad para atacar defensas en estático.

Por su parte, Mejri llega como una gran 'caja de sorpresas'. El tunecino fue la gran revelación de la temporada pasada y llega para aportar ilusión, intimidación, agilidad en la zona y facilidad para jugar sobre el aro. Sin embargo, su rendimiento dependerá del rol que le quiera otorgar Laso, entrenador muy dado a asignar papeles terciarios a determinados jugadores. Es pronto para saberlo, pero en la Supercopa se pudo leer entre líneas que Mejri será un complemento de la plantilla que tendrá minutos a ratos.

El tercer y último fichaje ha sido Dani Díez, alero de la cantera en el que el club ha decidido apostar. El madrileño es uno de los mejores jugadores españoles de su generación, por lo que tiene por delante una buena proyección. Sin embargo, una vez más el sistema de rotaciones de Laso hacen pensar que el club tendrá que afrontar muchos partidos importantes con Darden como único '3' puro. Y es que no cabe duda de que el puesto de alero alto será el punto más problemático para el equipo en esta temporada que está en sus albores.

Salvando este detalle, estamos ante el Madrid más completo y más compensado de las últimas décadas. Quizás la temporada pasada le llegó un poco pronto a este grupo, por lo que la inexperiencia le pasó factura en algunos momentos como la Final Four de Londres o el segundo partido de la final de la ACB. Pero la semana pasada en Vitoria ya no dio esos mismos síntomas, sino todo lo contrario. Se percibió un equipo más maduro, más experimentado y consciente de que este año está capacitado para cualquier cosa que se proponga. Y es que el capitán Felipe Reyes ya lo dijo hace unos días: ahora el gran objetivo es la Euroliga. Por primera vez en mucho tiempo, el Madrid en octubre no es aspirante, sino candidato a la 'Novena' y a todo lo que se le ponga por delante.

domingo, 16 de junio de 2013

Un título contra la impaciencia

A día de hoy todavía sigo notando una corriente crítica contra Pablo Laso y su gestión. A pesar de todo el buen trabajo que ha hecho en los últimos (casi) dos años. Quizás la clave de todo esté en que al vitoriano le falte por ganar un gran título para espantar de una vez a todos esos fantasmas que se empeñan en decir, una y otra vez, que no vale para entrenar a un grande como el Real Madrid. Un título que, por cierto, desde el viernes está a un solo triunfo. Y que podría levantarse esta misma noche.

Una Copa del Rey (la primera en 19 años), una Supercopa, dos finales de Liga Endesa ACB y un subcampeonato de Europa. Este es el balance de Laso desde que llegara al banquillo del Real Madrid en el verano de 2011 para recomponer y reconstruir a un equipo que estaba hecho jirones. Messina había arrasado con todo a su paso por Madrid y había dejado a un vestuario muy tocado en lo anímico. Por entonces el equipo había sido eliminado en las semifinales de la ACB por el Bilbao Basket tras un sorprendente 3-1. Por enésima vez, la sección de baloncesto había tocado fondo.

Laso vino para poner todo en orden desde la humildad. E impuso su peculiar estilo, un juego que debe gustar a todo aficionado al baloncesto: el ataque y la velocidad sobre todo lo demás. El club le apoyó como buenos fichajes desde los despachos, pues por fin parecía que el Madrid se había dado cuenta de que el baloncesto merengue no merecía penar de esta manera por las canchas. La Copa del Rey y la final en la Liga fueron un premio inicial y un primer paso para indicar que el equipo estaba en la línea correcta. Bien es cierto que podía saber a poco y así era, pero al menos Laso y sus hombres habían hecho una declaración de intenciones.

Y esta temporada se ha seguido mejorando. La Supercopa se ganó por fin después de muchos intentos fallidos, y en la Euroliga el Madrid ilusionó a su gente como hacía casi 20 años que no pasaba. La final se perdió por detalles varios, desde la inferioridad física y la mental hasta un arbitraje demasiado permisivo con la agresividad de los griegos. Pero como dice el dicho, lo que no mata te hace más fuerte. En la Copa se falló claramente, sí. Pero una vez más fue por detalles y por mala suerte; pues tras dos prórrogas ante el Barcelona salió cruz. Nada que no fuera totalmente asumible.

En cuanto a la Liga, el equipo está haciendo una de sus mejores temporadas desde que prima el formato ACB. Es indudable. Y en estos momentos está a un triunfo de llevarse el título, con dos 'match balls' para rematarlo. Queda lo más difícil, hacerlo. Pero si se consigue, Laso se habrá quitado un enorme peso de encima. El de la duda constante, el de no haber ganado aún ningún título grande con el equipo: Liga o Euroliga. Es la diferencia, el salto, que hay entre estar ahí y ser un conjunto ganador. Un matiz que en gran medida viene dado por la madurez y la experiencia del equipo, ya que estos dos años hay que tomárselos como una fase de aprendizaje para los jugadores.

Porque el Madrid es un equipo muy joven. Rudy, Suárez, Sergio Rodríguez, Llull, Slaughter, Mirotic, Begic... Son jugadores que no pasan de los 28 años y que en muchos casos no han acostumbrado a estar en finales. Puede parecer soprendente, pero Rudy está jugando su primera final de la Liga Endesa. Por eso, hay que tener paciencia con este equipo y mirar al futuro. Este Real lleva dos años compitiendo y llegando a finales. Conociéndose. Ha perdido más de las que ha ganado, aunque siempre hay tiempo para cambiar esta tendencia. Desde hoy podemos empezar a hacerlo. Pero, pase lo que pase, sigamos confiando en Laso y no dejemos que nos domine la impaciencia. No olvidemos dónde estábamos hace dos años y dónde estamos ahora.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Una crisis para huir de la inspiración



No recuerdo ningún gran equipo en la historia que no haya tenido un bache. Ninguno, en ningún deporte. Hasta la selección española de fútbol, campeona de todo, tuvo dudas en algún momento de las dos Eurocopas y del Mundial que ha ganado recientemente. O la propia 'Roja' de básket, campeona mundial, doble oro continental y doble plata olímpica en los últimos 7 años. Estos equipos siempre tuvieron algún momento de dudas en estos torneos, un punto de inflexión que les ayudó a mejorar y a afrontar las cosas con humildad. Y el Madrid de baloncesto está justo en este instante.

El conjunto de Laso llevaba varias semanas dando síntomas preocupantes. Especialmente desde principios de febrero, cuando se cayó en cuartos de final de la Copa del Rey por una mezcla de mala suerte y de exceso de confianza. Desde entonces, el Madrid no juega con la misma alegría de antes. El palo de Vitoria fue muy importante en un equipo que, hasta el momento, viajaba viento en popa a toda vela. Su currículum era prácticamente inmaculado y todo el mundo les daba como favoritos para revalidar el título. Pero la realidad fue otra y un detalle dejó a los merengues en la cuneta.

Un golpe duro del que el equipo supo mantenerse en pie. Se perdió en Estambul, aunque una vez más fue porque el triple de Carroll no quiso entrar. Por lo demás, en Liga Endesa y Euroliga se continuaron sumando victorias. Pero, eso sí, la imagen ya no era la mejor. Lo de ganar sufriendo a dos equipos menores como el Alba de Berlín o el Bamberg ya era sintomático. En estos partidos se padeció en exceso, mientras que en Kaunas se ganó precisamente porque los detalles que antes habían dado la espalda al equipo ahora le sonrieron. Fueron un puñado de partidos en el filo de la navaja, decantados de cara gracias a que el talento acaba pesando.

Sin embargo, cuando uno juega tanto con fuego se termina quemando. Y así ha sido. Primero el Unicaja y luego el Canarias han hecho añicos en una semana lo que tanto había costado levantar: el fortín del Palacio. Ha sido la culminación de una crisis que se venía anunciando, que estaba telegrafiada en el juego reciente del equipo. Las piernas de los jugadores ya no acompañan como antes y las lesiones han empezado a ser una lacra: Pocius, Rudy, Draper, Hettsheimer... han faltado a algunos partidos recientes y se ha notado.

El caso del alero balear es especialmente preocupante. A sus casi 28 años la espalda le sigue condicionando mucho y no está para jugar más de 30 minutos por partido. Se hace imperioso cuidar de él porque el Madrid le necesita. Rudy no ha empezado bien el año y el equipo lo está notando. Aunque, por suerte, genios como Mirotic, Carroll o Sergio han logrado mantener en pie al club. Los tres están cuajando una campaña para enmarcar y el buen rendimiento en los resultados se debe, en gran parte, a ellos.
Pero no siempre se puede vivir de genialidades, de tener un buen día en el juego exterior. Si el Madrid no puede correr (algo que hace cada vez menos tras el desgaste de esta dura temporada) lo intenta solucionar a base de triples. Algo que es aceptable si tienes, posiblemente, al mejor juego exterior de Europa. Pero que no garantiza el éxito. Es una ruleta rusa abocada al balazo si no se tiene el día de cara al aro. Y es que el juego interior es casi anecdótico en los esquemas de Laso. El resultado es que se puede ganar a cualquiera, pero también perder con cualquiera. La situación no termina de estar bajo control y falta la seguridad que tienen los equipos con empaque, compactos en todas su líneas.

El enfoque hacia la velocidad y el talento hace que los pívots se sientan casi marginados por su rol. Su papel es secundario y la aportación de Begic y Hettsheimeir tampoco les está haciendo merecerse mucho más de lo que tienen. A estas alturas es más que evidente que no renovar a Tomic para quedarse con el esloveno fue un error. Como también lo ha sido no hacer un cambio de piezas para traer un '5' que aporte más soluciones. Hettsheimeir no termina de encajar y Begic es demasiado blando. Solo Felipe y Mirotic dan consistencia por dentro, mientras que Slaughter aporta lo que ya se esperaba: mucho trabajo, defensa e intensidad. Pero lo del juego ofensivo no es lo suyo.

Por ello, la apuesta de Laso sigue siendo clara: primar el juego exterior sobre el interior. Hay quien cree que así no se puede ganar la Euroliga, aunque yo no soy de ellos. No cabe duda que el Madrid está en su peor momento de la temporada, pero no podemos olvidar que lleva un parcial de 23-2 en ACB y un 9-2 en Euroliga. Lidera ambas competiciones y su panorama es envidiable. Algo que, después de tantos años de disgustos, suena a música celestial. Así que no es momento de ser derrotistas. Ni antes el equipo era invencible ni ahora se va a estrellar. Hay que llamar a la calma y reflexionar, poner todo en orden. Si Laso va a 'morir' con sus ideas, adelante, pero con frialdad y cabeza. Seguimos siendo unos privilegiados y podemos llegar muy lejos. Pero hay que mejorar y buscar soluciones, porque depender únicamente de la inspiración convertirá la temporada en un juego de azar.

martes, 5 de marzo de 2013

Los riesgos del trabajo bien hecho


Cuando un equipo empieza la temporada solo cuatro o cinco derrotas en más de cuarenta que disputa, existe el riesgo de que la confianza y el conformismo se instalen en la plantilla. En las últimas semanas percibo con algo de preocupación que el Real Madrid de baloncesto ha bajado algo el listón de su juego y que en los últimos partidos funciona más a impulsos que de forma regular.

Intuyo que las mayores dudas vienen tras la sorprendente derrota en la Copa del Rey ante el Barcelona. Perder ante el actual campeón de Liga puede entrar en todas las quinielas, pero la forma en que se hizo dolió especialmente. El Madrid tuvo posesión para ganar en el tiempo reglamentario e incluso tuvo el choque atado y ganado en la primera prórroga. Todo ello a pesar de que no se jugó ni mucho menos bien. El Madrid ha perdido ya dos veces esta temporada ante los culés y en las dos lo ha hecho dando la sensación de que es realmente superior a su rival. El problema es que los de Pascual jugaron en esos encuentros su mejor baloncesto y los blancos lo hicieron realmente mal.

Sin quitarle mérito al rival, el partido de Vitoria me dejó el poso de que el favoritismo le había hecho mucho daño a los de Laso. En ningún momento vi el juego dinámico y fresco de los primeros meses de temporada; sino más bien un basket lento, errático y asfixiado. Como si el Madrid se hubiera contagiado de la euforia que reinaba en el ambiente y no hubiera entrado al partido todo lo 'enchufado' que debía. Así que esa tarde se jugó mal, aunque también se pudo sacar una buena conclusión: el Barcelona tuvo que dar lo máximo para conseguir ir a la prórroga dos veces ante un Madrid muy mediocre.

La cuestión es que el equipo se ha quedado sin la Copa que levantó el año pasado. Página pasada. Sin embargo, en este último mes sigo sin ver al mismo Madrid arrollador de principios de la temporada. Más allá de un puñado de victorias fáciles y amplias en la Liga Endesa ante rivales menores, el equipo ha sufrido en casa ante las dos cenicientas de su grupo de la Euroliga, el Alba y el Bamberg. En ambos encuentros llegó con el agua al cuello al último cuarto, cuando hace poco más de dos meses ganó sobrado los dos partidos en Alemania. Bien es cierto que los sacó adelante, pero lo hizo porque supo espabilar a tiempo para sacar su orgullo.

No me cabe duda de que el Madrid está atravesando ahora el mayor bache de juego de lo que llevamos de temporada. A ello se ha unido la lesión de Pocius, un contratiempo por la ayuda en las rotaciones que daba el lituano. Además, el juego interior no termina de dar el paso al frente que se necesitaba, más allá del brutal Mirotic y el eterno Felipe Reyes. Begic aporta poco y a cuentagotas, mientras que Hettsheimeir parece algo dormido, quizás víctima de su adaptación a la ciudad y al juego después de varios meses de ausencia por lesión.

Además, el cansancio también empieza a hacer mella. Jugadores como Rudy, Draper o Suárez han estado algo tocados en los últimos días y el equipo se ha resentido más en su juego que en los resultados. Porque, más allá de este bajón evidente en el rendimiento, la temporada sigue siendo para enmarcar. En la Liga Endesa solo se ha perdido el partido del Palau y todo está encaminado para terminar como campeones de la temporada regular, mientras que en la Euroliga mucho tendrían que torcerse las cosas para no acabar entre los dos primeros del grupo del Top-16.

Es por ello que no hay por qué ponerse nerviosos. La Supercopa ya está en las vitrinas y la Copa del Rey se perdió por pequeños detalles. Y en la Liga y la Euroliga las cosas están mejor que bien. Sin embargo, esta trayectoria tan positiva no asegura nada e incluso puede generar confianza y relajación. El equipo debe de aprender del batacazo en Vitoria y ser consciente de que el favoritismo perjudica más que ayuda. Porque hacer las cosas tan bien también tiene sus aspectos negativos. Una idea que hay que asimilar cuanto antes para darnos cuenta de que todavía no hemos hecho nada. Porque queda lo más difícil, completar el trabajo empezado.

domingo, 13 de enero de 2013

Un Real Madrid multifuncional


Por fortuna los primeros meses de temporada han sido de cierto equilibrio en el madridismo. Mientras el equipo de fútbol seguía una trayectoria de lo más preocupante, el conjunto de baloncesto nos daba la de cal mostrando una de las mejores versiones que se le recuerdan en mucho tiempo. Diría que ni siquiera el Madrid de Plaza que ganó Liga y ULEB en la temporada 2006/07 jugaba tan bien como lo hace ahora el de Laso. Y es que por fin han dado con la 'tecla' en los despachos del club blanco.

Cuando el Real Madrid anunció el fichaje del técnico vitoriano hace ahora poco más de un año y medio las reacciones no fueron demasiado positivas. Venía un entrenador joven, sí, pero también inexperimentado. En su currículum solo contaba con una temporada en el Pamesa Valencia y cuatro años en el Lagun Aro, un conjunto de perfil bajo de la ACB. El club pasaba de un técnico puntero en el baloncesto FIBA como Messina a Laso en cuestión de cinco meses, con Molin de por medio. Por eso, la sensación era de que la sección había dado un paso atrás, de que su proyecto más ambicioso se había quedado en agua de borrajas para volver de nuevo a apostar por una 'clase media'.

Pero los meses fueron pasando y el Madrid cada vez daba mejores sensaciones. La palabra 'especular' desapareció de la cabeza de los jugadores y los blancos empezaron a hacer un baloncesto vertiginoso y espectacular en el que se sacaba partido de las mayores virtudes de gente como Llull, Sergio Rodríguez o Carroll. El Palacio empezaba a disfrutar de un juego sin ataduras, totalmente liberado y que entraba por los ojos. Y, por si esto fuera poco, en febrero el Real Madrid lograba la Copa del Rey en el Sant Jordi después de 19 años de sequía fulminando al Barça en su propia casa.

La temporada ya estaba salvada, pero aún así el equipo llegó a la final de la ACB y solo se dejó el título por un maldito triple desde Las Ramblas de Marcelinho Huertas. El Madrid fue mejor que su rival en los tres primeros partidos de la eliminatoria, pero solo pudo ganar dos de ellos. Así que la Liga se escapó, pero no fue nada grave. Al menos, para la mentalidad del cuerpo técnico y de la plantilla. El curso había acabado con mal sabor de boca, pero la sensación global es que había sido un buen año. Lo importante fue que Laso salió reforzado, de manera que pudo planificar la nueva campaña con total libertad.

Así, en verano se dieron un puñado de pequeños retoques. Uno fundamental, estratosférico: Rudy Fernández, la guinda del pastel. Y otros menores, pero también importantes: Draper, Slaughter y después Hettsheimeir. Principalmente músculo, intensidad defensiva y solidez. Tres hombres que llegaron como semi-desconocidos, como actores secundarios sobre los que se podían hacer muchas preguntas. Pero, a día de hoy, ya piezas vitales. Porque si algo tiene el Madrid actual es que un equipo 'redondo', prácticamente sin aristas. Dispone de jugadores de todo tipo que se pueden adaptar a multitud de situaciones.

Es cierto que este Madrid está programado para correr y cuando no lo hace sufre bastante. Pero lo habitual es que venza prácticamente siempre. De 31 partidos oficiales se han ganado 27 y las cuatro derrotas han sido a domicilio ante Khimki, Panathinaikos, Cantú y Barcelona. Golpes asumibles, teniendo en cuenta que no eran choques decisivos. De hecho, en el Palau Navarro tuvo que hacer el partido de su vida para que los culés ganaran apuradamente. Y eso es mucho decir, porque Juan Carlos es un jugador de esos que sale una vez cada dos o tres generaciones.

De todas formas, no se puede negar que en las últimas semanas el Madrid ha bajado algo su nivel en el juego. Algo perfectamente asumible por otra parte. El cansancio empieza a hacer mella, aunque el equipo está confeccionado para tener uno de los banquillos más completos de Europa. Y aún así, sigue ganando. Como el viernes ante el Zalgiris, un rival de lo más indigesto. Pero en un mal día de Rudy y Carroll apareció el 'Chacho' con un triple de genio. Es lo que tiene este Madrid, que si una noche no te mata uno de sus cracks siempre habrá otro dispuesto a hacerlo.

Es pronto para decirlo, pero estoy realmente ilusionado con el Real Madrid de baloncesto. Desde tiempos de Arlauckas y Sabonis no he visto un equipo blanco tan poderoso, con tantas opciones de hacer algo grande en Europa y en España. Todos los mimbres están preparados para llegar lejos en las tres competiciones y ya solo será cuestión de tener suerte y saber competir a la hora de la verdad. Las cosas se han hecho bien en el último año y la Copa y la Supercopa son la demostración. Ahora, por fin, el madridismo puede disfrutar de un equipo a la altura de sus vitrinas. Y es que han sido muchos años de sinsabores y errores, pero esta vez quizás podamos decir sin timidez que la espera ha merecido la pena.

martes, 25 de septiembre de 2012

El Madrid se gana el favoritismo


En lo que respecta al equipo de baloncesto del Real Madrid, he pasado el verano entre un sentimiento de inquietud y otro de ilusión. Inquietud por el hecho de que el club se hubiera desprendido de su mejor pívot, Ante Tomic, sin tener un recambio de primer nivel en su agenda. E ilusión porque, a pesar de ello, la vuelta de Rudy Fernández y la fulgurante pretemporada de Nikola Mirotic han dejado síntomas para la esperanza de hacer algo grande esta temporada.

Durante el último fin de semana las dudas se me han despejado prácticamente al completo. En gran parte, porque el equipo ha sido capaz de ganarle la Supercopa al Regal Barcelona con una suficiencia sorprendente. Casi tanta como en febrero pasado, cuando hizo lo propio para conquistar la Copa del Rey. En cuestión de siete meses Pablo Laso ha acabado de un plumazo con dos deudas de la historia con el madridismo y, de paso, ha conquistado un par de títulos que saben a gloria tras casi cinco años de sequía.
Por lo tanto, algo se está haciendo bien en el equipo. Y eso que el Madrid ha comenzado la temporada con una carencia prácticamente anémica, pues en el baloncesto el pívot es un jugador fundamental. Y hasta ahora, el equipo solo ha tenido en esta posición a Mirza Begic. Bien es cierto que el técnico ha paliado este vacío con el canterano Hernangómez, cuya labor estos días ha dejado detalles interesantes. Pero está claro que un club como el merengue no puede pretender afrontar una temporada tan dura con un chaval de 18 años como segundo hombre en las rotaciones.

Pasarán los días, las semanas y los meses y nunca entenderé cómo el club se deshizo de Ante Tomic para quedarse con el esloveno. Se podría decir que son dos jugadores muy similares, sí; ambos con sangre de horchata en las venas. Pero, para mi gusto, técnicamente no hay comparación entre los dos. El croata jugaba un rol en el equipo mucho más importante que su compañero, pero el Madrid ha preferido liberarle a él para quedarse con el suplente. Incomprensible. Por eso, ahora cada vez que veo a Tomic con la camiseta del Barcelona no puedo más que lamentarlo.

Sin embargo, lo que más me ha costado entender ha sido esta espera de dos meses para encontrarle sustituto. Es comprensible que la directiva se lo haya podido tomar con calma, pero el asunto se ha complicado tanto que hasta una semana antes del comienzo de la liga no hemos encontrado jugador. Por los pelos. El mismo parece que va a ser Hettsheimeir, un '5' que, por lo poco que le he visto, va a ser interesante para el equipo. Sin llegar a convertirse en la panacea, creo que puede aportarle mucho más al Madrid de lo que pueda parecer en un principio.

Y es que llevo varias semanas pensando que del fichaje de un pívot iban a depender las aspiraciones del equipo esta temporada. De una última pieza que complete un puzzle casi perfecto. Porque mo me cabe duda de que el juego exterior merengue es de lo más completo, variado y potente que hay en Europa. Llull, Carroll y Rudy Fernández son dinamita pura y sobre ellos se debe sustentar el potencial ofensivo del equipo, el cual promete un baloncesto de vértigo que acaparará jornada tras jornada las imágenes más espectaculares de la Liga Endesa.

Y a la ecuación hay que sumar a Nikola Mirotic. El montenegrino no ha parado de crecer en los últimos tres años y esta temporada su madurez ya está llamando a la puerta. Junto a Rudy puede ser el gran líder de este equipo, el jugador que desnivele los partidos y que impulse al Madrid a cotas inexploradas en los últimos años. Él se siente importante y tiene hambre de títulos. Sabe que su estancia en la capital de España será efímera, porque en Chicago ya le esperan con los brazos abiertos. Y como Pau en su momento, Nikola no se querrá ir sin llevarse en la maleta unos cuantos recuerdos en forma de títulos.

El primero, el de la Supercopa lograda el domingo. Al Barcelona le faltaban sus dos veteranos más peligrosos, Jasikevicius y Navarro. Sin embargo, sigo pensando que incluso con ellos el Real Madrid tiene más plantilla, más equipo. Jugando prácticamente sin pívot puro (Begic hizo solo dos puntos), la escuadra acribilló a su rival desde el perímetro. Jawai se puso las botas en la zona, es cierto; pero el juego exterior madridista fue demasiado para ellos. La sensación que quedó es que el Madrid de Laso tiene ganas y juventud; que su proyecto ya se ha hecho adulto. Equipo temible hasta estando descompensado. Un pequeño 'pero' que está en vías de solucionarse. Y cuando esto ocurra, será hora de empezar a plantearse las cosas con el favoritismo que otorga el trabajo bien hecho.

martes, 5 de junio de 2012

Un equipo capaz de cualquier cosa

Desde el mismo momento en que Felipe Reyes levantó la Copa del Rey de baloncesto el pasado 19 de febrero yo respiré tranquilo. Se trataba de un título muy ansiado para los madridistas que seguimos este deporte, casi tanto como el de la Copa de fútbol. En ambos casos tuvieron que pasar 19 años para conquistar estos trofeos, por lo que en el basket también me supo a gloria conseguirlo ante el Barcelona en el Palau Sant Jordi. Se puede decir que este éxito colmó mis expectativas para la presente temporada, pues automáticamente pensé que, pasara lo que pasara en los siguientes meses, la campaña ya estaba resulta, saldada.

Quizás haya podido pecar algo de conformismo en este aspecto. Pero creo que, después de cinco años sin ganar ningún título, al Real Madrid de baloncesto tampoco se le puede exigir un regreso fulgurante a la élite del baloncesto español y europeo. No se debe olvidar que el madridismo lleva cerca de una década sufriendo una grave sequía de títulos para la sección más laureada en nuestro país y en Europa. En los últimos 13 años solo se han ganado tres Ligas, una Copa del Rey y una ULEB. Algo que sabe a muy poco teniendo en cuenta el potencial del club del que estamos hablando.

Los mediocres resultados obtenidos en este tiempo han sido un poco el fiel reflejo a lo vivido en el club y en el propio equipo de fútbol. El Real Madrid no ha tenido en la última década una gran estabilidad y solo con el regreso a la presidencia de Florentino Pérez las cosas han vuelto a su cauce. Y casi ni eso, pues su primer proyecto para el baloncesto terminó en fracaso tras la dimisión de Messina y el paripé de Molin intentando lidiar con un equipo al que no le supieron exprimir todo el jugo. Aún así, el Madrid regresó la temporada pasada a la Final Four 16 años después de la última, lo que ya era un paso adelante y un progreso a tener en cuenta.

Ahora, en esta temporada, Pablo Laso se ha limitado a remendar las buenas costuras que ya tenía el equipo dejado por los italianos. Ha utilizado la base de jóvenes que había (Llull, Sergio Rodríguez, Velickovic, Suárez, Mirotic, Tomic) y los ha complementado con un par de fichajes de esos que pasan a la historia por su gran rentabilidad: Carroll y Pocius. Además, el vitoriano le ha dado al Madrid un estilo, curiosamente similar al sello que Mourinho le ha aplicado al equipo de fútbol. Velocidad y poderío ofensivo; aunque sin la regularidad en los resultados y el juego que ha demostrado el campeón de Liga.

Creo que a este Real Madrid de baloncesto todavía le falta un punto más, una pincelada. Como espectador me gusta el juego que practica el equipo y me parece una apuesta arriesgada pero interesante. Sin embargo, no percibo aún la constancia y la madurez necesaria para llegar lejos en Europa. En España está claro que al Madrid le da de sobra para ser uno de los dos mejores, pero no olvidemos que el gran reto debe ser la Euroliga. Posiblemente sea un asunto de juventud o de falta de liderazgo en la plantilla, pero lo cierto es que los blancos tienen tendencia a complicarse la vida.

Es muy habitual ver cómo el Madrid de Laso sale desenchufado a los partidos, concediendo ventajas iniciales a sus rivales. O cómo se deja remontar encuentros encarrilados en la primera parte, tal y como le sucedió ante el UCAM Murcia en el Palacio de los Deportes. Se puede decir que estamos ante un equipo desconcertante, capaz de lo mejor y de lo peor, presa de sus lagunas defensivas y de la genialidad de sus jugadores cuando tienen confianza. Porque es difícil ver a un equipo FIBA jugar mejor que como lo hizo éste en la pasada final de Copa del Rey; pero también lo es ver a uno hacerlo peor que los merengues en su primer partido ante el Caja Laboral.

Así, creo que la próxima final de la ACB no se puede plantear con otra cosa que no sea la incertidumbre. Parece claro que esta temporada el Real Madrid ha logrado cogerle la medida al Barcelona, pero gran parte de lo que suceda dependerá del estado físico de Navarro y de la capacidad merengue para mantener la concentración. Aunque pase lo que pase, creo que hay motivos como para que el madridismo empiece a ilusionarse. Este equipo está cada vez más cerca de ser el conjunto al que lleva aspirando más de una década, una escuadra aspirante a ganar la Euroliga. A ello quizás contribuya la previsible vuelta de Rudy Fernández, así como las hipotéticas contrataciones de un base que devuelva a Llull a las posiciones de escolta y de un pívot que le ponga un poco de sangre a la talentosa pero insulsa zona del Madrid. Con estos retoques, no me cabe duda de que habrá licencia para soñar.

jueves, 5 de enero de 2012

El Madrid empieza a cambiar las tornas

CRÓNICA DEL REAL MADRID-BARCELONA - El Real Madrid logró este miércoles un importante triunfo ante el Regal Barcelona (78-74) que supone una tremenda inyección de confianza de cara al futuro. En un choque duro y muy marcado por la tensión, los blancos supieron mantener la frialdad en los momentos claves para volver a recuperar el liderato de la ACB. Carroll y Tomic (16 puntos) guiaron al equipo a la victoria, si bien fue el lituano Pocius el que realmente decidió el choque con cinco puntos cruciales en los últimos minutos.
 
El partido  comenzó con la emoción y la tensión prometida en un clásico. Los dos equipos no entraron a la pista muy entonados y combinaron los errores en los pases y los tiros con buenas acciones. La alternancia en el electrónico fue la tónica general en los primeros  instantes, hasta que los locales consiguieron la primera pequeña renta en el marcador gracias a la aportación de un acertado Suárez (10-6 min.3).

Sin embargo, los culés se hicieron fuertes en la pintura con Ndong y las penetraciones de Marcelinho y lograron un parcial de 0-6 que los volvía a poner por delante (10-12 min.6).  En ese momento surgió la versión más desconocida de Tomic para hacer dos mates consecutivos que marcaban el territorio para los de Pablo Laso. Estos, más otra canasta de Pocius, volvían a poner la ventaja de nuevo en los cuatro puntos. Nuevo espejismo, porque Ndong y Eidson limaron las diferencias hasta dejarlas en dos puntos al final del primer cuarto (18-16, min.10).

El partido entraba en los segundos diez minutos equilibrado y con problemas similares en los dos equipos. El Real Madrid presentaba un preocupante 0 de 6 en triples, mientras que los de Xavi Pascual se quedaban en un 42% en tiros de 2. La mano se encogía en los dos bandos y el choque estaba lejos de ser brillante. Situación idónea para que Felipe Reyes arañara sus primeros cuatro puntos (22-16, min 12).

Sin embargo, un par de triples de Huertas e Eidson volvían a hacer la goma para empatar el encuentro una vez más (24-24, min.14). Igualdad que se mantendría en las siguientes posesiones, protagonizadas por buenas versiones de Felipe Reyes y Eidson. Fue el momento en el que el Real Madrid se decidió a explotar el tiro exterior, de manera que un triple de Suárez y otro de Carroll más un tiro libre de Mirotic colocaban la máxima a favor de los blancos (37-30, min.17).

El Madrid parecía querer apretar el acelerador, pero a una velocidad por encima de la permitida. En la siguiente posesión el trío arbitral señalaba una discutida antideportiva de Rodríguez sobre Ndong y los azulgranas se volvían a acercar a cuatro. La injusticia enfadó al público y prendió la mecha para que el Real Madrid se disparase sin mirar atrás. Dos triples de un impresionante Carroll, otro de Pocius y dos puntos de Mirotic, unidos a unas buenas defensas, impulsaban a los blancos para delirio del público (48-36, min.20).

Pocius toma la responsabilidad

Los madridistas se iban al descanso tras certificar un segundo cuarto de ensueño, sellado con un parcial de 30-20, un 5 de 8 en triples y los 11 puntos del francotirador Carroll. El Barça tenía que arriesgar, así que salía en la reanudación con su mejor quinteto: Sada, Eidson, Mickeal, Lorbek y Ndong. De esta forma, tras saborear los locales una nueva máxima (+14), Mickeal empezaba a coger galones mientras a Tomic se le hacía la noche en la zona (53-44, min.25). El partido volvía a acumular errores en los dos aros y Sergio Rodríguez no ponía la pausa que pedía la situación.

Laso lo supo ver y metió rápidamente a Llull y Carroll. Mientras tanto, el Regal Barcelona iba picando poco a poco las diferencias ante un Madrid que había perdido el ritmo infernal del segundo cuarto (59-54, min.28). Un triple del base balear sería el único botín hasta el final del cuarto para los merengues, lo que dejaba al Barcelona inquietantemente cerca (62-58, min-30). La situación era complicada y pedía soluciones en las manos de Carroll. El norteamericano se echó sobre los hombros la responsabilidad ofensiva y con sus puntos mantenía al Barça a una distancia prudencial (68-63, min. 34).

En estas, cada posesión era una batalla y los puntos cotizaban al alza. Cinco consecutivos de Lorbek empataban a 68 la contienda con poco más de cuatro minutos por jugar. Era un nuevo partido y todo lo ocurrido antes perdía su importancia. En ese momento el Madrid se agarró de su torre más alta, Ante Tomic. El croata se fajaba en la zona y sumaba cuatro nuevos puntos mientras Huertas respondía con solvencia. El equilibrio no se rompía.

Una sobrenatural penetración de Pocius ponía dos arriba a los locales a falta de 1:40 (74-72) y el público decidía ser el sexto hombre. Fallo culé y triple de Carroll que escupía el aro. Nueva pérdida de los de Xavi Pascual y posesión a falta de un minuto. Sergio Rodríguez se precipitaba y erraba en el tiro. Suerte que el de Eidson también acabara en agua. Porque Pocius esta vez no iba a fallar. Dos más uno, pero equivocaba el libre. No importaba, porque cogía él mismo el rebote y era objeto de nueva falta. Uno más. 77-72 y 11 segundos de juego. Imposible, hasta para este pegajoso Barça. Victoria por 78-74, liderato y la sensación de que hay equipo, de que se puede. Solo es cuestión de creérselo.


FICHA TÉCNICA:
78 - REAL MADRID:  Sergio Rodríguez (4), Pocius (10), Suárez  (11), Mirotic (6), Tomic (16) -- cinco inicial-- Singler (0), Llull (7), Begic (2), Reyes (6), Carroll (16), Díez (-) y Sanz (-).
74 - FC BARCELONA REGAL: Huertas (13), Mickeal (14), Eidson (7), Lorbek (4), Ndong (12) -- cinco inicial-, Sada (0), Vázquez (6), Wallace (9), Ingles (7), Rabaseda (2), Mbaye (-) y Pérez (-).
PARCIALES: 18-16, 30-20, 14-22, 16-16.
ARBITROS: Hierrezuelo, Jiménez y Cortés. Sin eliminados.
PABELLÓN: Palacio de los Deportes. Lleno con 12.880 espectadores.
 

lunes, 26 de diciembre de 2011

Este equipo tiene otra cara


El 2011 ha sido un año convulso para la sección de baloncesto del Real Madrid. El club buscó la estabilidad en el verano de 2009 fichando a Ettore Messina, pero en vez de conseguir su Mourinho particular para la canasta se encontró con un técnico superado por la presión de tener que dirigir a un grande. Su espantada a principios de marzo tiró por la borda la temporada justo cuando ésta se iba a empezar a decidir, lo que provocó que el club se replanteara la situación en julio.

La apuesta por el perfil de técnico estrella había fallado estrepitosamente. Bien es cierto que el equipo llegó a la Final Four europea por primera vez en 16 años. Pero la realidad es que lo hizo para ser humillado en los dos partidos, sin dar sensación de haber estado en Barcelona para competir por el título. El experimento de dejar a Molin en el banquillo fue una opción equivocada desde el sentido que echaba a perder el resto del curso, pero acertada viéndose desde la perspectiva de esperar al verano para tener la mejor opción.

Y así, la temporada se hizo larga, eterna. El secundario Molin fue incapaz de sacar algo decente de los mimbres que había, empeñado como estaba en perpetuar el legado del huido Messina. Con unas rotaciones miserables, con Begic, Velickovic y Mirotic en el ostracismo, el Real Madrid hizo un final de curso bochornoso, indigno del club con mejor palmarés del baloncesto europeo. Un 3-1 en semifinales de ACB ante el Bilbao Basket fue el epitafio de la etapa italiana del equipo, del baloncesto condicionado y depresivo que había dejado el técnico de Catania y su ayudante.

La situación exigía un cambio de rumbo. Y vaya si lo hubo. Tanto que el club escogió a Pablo Laso, toda una referencia para el baloncesto español como base de los 90, pero un novato en eso de los banquillos. Un hombre de la casa, que jugó en el Real Madrid durante un par de temporadas y en el que su currículum constaba un ascenso con el Lagún Aro San Sebastián a la ACB y un puñado de temporadas decentes en la máxima categoría.

Era una vuelta al perfil Plaza, sin llegar a tener los componentes de técnico formado en el club. Humildad, trabajo y juventud. Tres pilares básicos sobre los que se iba a cimentar el nuevo proyecto, a pesar de que la elección no gustaba ni convencía a muchos, a mí el primero. Recurrir a Laso tras haber tenido a Messina en el banquillo era como dar un paso atrás, como admitir que el Real Madrid solo debía aspirar a pelear los títulos, no a ganarlos realmente.

Pero fue llegar el vitoriano y las cosas se empezaron a hacer bien. Muy bien. Como no estaba acostumbrado el madridismo. Primero llegaron Carroll y Pocius, dos hombres exteriores de primer nivel. De hecho, Carroll ha sido el mejor fichaje de este equipo en muchos años. Me ha bastado cuatro meses viéndole con la camiseta blanca para pensar que su impacto en el club está siendo y será superior al de Louis Bullock. Y eso es mucho decir.

En el Real Madrid sabían que el equipo tenía que reforzar su juego exterior y así lo hicieron. Sin embargo, no se quedaron ahí, porque también trajeron a Rudy Fernández e Ibaka en dos movimientos que devolvieron la ilusión a la afición. La sombra de la NBA pendía sobre sus cabezas, pero que nos quitaran lo bailado mientras tanto. Duraron tres meses el primero y mes y medio el segundo. ¡Pero qué meses!

Los dos aportaron calidad y fuerza al equipo, haciéndolo temible en Europa y en España. Con ellos y el resto de la plantilla, Laso consiguió en tiempo récord cambiarle la cara al equipo, creando una escuadra de juego alegre, veloz y de ritmo endiablado. Se había pasado de los partidos rondando los setenta puntos a los choques con las tres cifras en el marcador del equipo. Desde el primer año de Plaza en el banquillo no se había visto algo semejante, a un Real Madrid jugando tan bien a este deporte.

Ahora, ni siquiera el regreso forzado de Ibaka y Rudy parece haber cambiado mucho el panorama. Herreros y Sánchez Lázaro estaban preparados para este contratiempo y reaccionaron rápidamente fichando al jugador revelación del comienzo de temporada en España, el joven Kyle Singler. Con él se ha tapado parcialmente el hueco dejado por el balear y se ha conseguido un hombre polivalente para el juego exterior, por lo que el equipo no se ha resentido demasiado.

Cuando se trabaja bien, lo lógico es que se consigan frutos. Y el Madrid de baloncesto está en el buen camino para ello. Ha sido el tercer mejor equipo de la primera fase de la Euroliga y ha dominado con solvencia el llamado ‘grupo de la muerte’. Además, es líder en la ACB empatado con el Barcelona, todo un equipazo que empieza a estar lastrado por los años. Sin embargo, el Real Madrid es un equipo joven que cuenta con el futuro del baloncesto, con una generación de jugadores llamada a recuperar la gloria que los aficionados llevamos más de tres lustros esperando. Por fin el proyecto huele a estabilidad y a buen baloncesto. Las cosas se han hecho bien en este 2011 y en el 2012 será el momento de refrendarlo haciendo justicia a las expectativas y a la camiseta.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Un Madrid borroso

A punto de cumplirse el primer mes de competición para el Real Madrid de baloncesto, ya se pueden ir haciendo las primeras lecturas sobre lo visto estas cuatro semanas. El proyecto más ambicioso del Real Madrid en la última década ya está en liza bajo la batuta de Pablo Laso. En plantilla, hasta ocho jugadores que cerraron de manera mediocre la temporada pasada, pero con cuatro caras nuevas que han llegado para dar un salto de calidad de valor diferencial. Y los resultados de ello ya empiezan a saltar a la vista.

Y no me refiero solo a ganar o perder los partidos. Lo digo porque el juego del equipo ha variado completamente, cimentándose sobre una filosofía antagónica a la que regía el Real Madrid la temporada pasada. De ser una escuadra que buscaba el control del ritmo del partido y se apoyaba en la defensa para ganar, ahora se ha pasado a todo lo contrario: velocidad, intensidad y juego ofensivo, dejando en un plano secundario lo que respecta a no recibir puntos. Ahora el Real Madrid es un equipo vistoso que encaja mucho mejor en las características de sus jugadores. Porque seamos realistas, con Messina y Molin gente como Mirotic, Velickovic, Sergio Rodríguez o Llull tenían condicionado su baloncesto.

Así que, esta temporada se podrán ganar títulos o no, pero los aficionados han ganado un equipo espectacular, cuyo juego entra por los ojos. A ello han contribuido las dos grandes sorpresas del mercado español, los fichajes de Rudy Fernández e Ibaka. El 'lockout' ha permitido que los dirigentes blancos hagan las dos mejores contrataciones de la sección en años. La lástima es que, por mucho que se pueda desear lo contrario, el parón sindical de la NBA no parece que vaya a ir más lejos de principios del año que viene. Y eso, con suerte.

Es decir, que este Real Madrid, tal y como el que jugó el jueves en Tel Aviv, no sobreviva más allá de un par de meses. Es un conjunto hecho para el aquí y ahora, no para los meses de abril, mayo y junio, cuando el equipo se juegue los títulos. Entonces, prácticamente seguro que Ibaka no estará, mientras que es probable que Rudy tampoco. Sobre el balear tengo más dudas, pues sospecho que cada día que pasa en el club, el Madrid lo gana un poquito más para su causa. Cuando el 'lockout' termine la pregunta que le asaltará será si le conviene más quedarse liderando a un equipo que aspira a todo en Europa o volver a la NBA para jugar un puñado de minutos con los campeones del anillo en una temporada apresurada y a medio disputar.

Imagino que, ante el (im)previsto de la salida de estos dos NBA, el Real Madrid ya tendrá pensado un plan B. Pero sea como fuere, sin Rudy e Ibaka el Madrid pasaría de ser un equipazo a ser un gran equipo. De poder ganar todo lo que juegue a pelear por estar en las finales y, con suerte, ganarlas. Creo que a estas alturas ya queda claro que Carroll es mucho más jugador que Tucker, o que Pocius es un alero excelente, además de que Begic puede incluso robarle minutos a Tomic. Hay más equipo que el año pasado, en definitiva. El problema es que el 'lockout' de la NBA está confundiendo al Madrid.

Lo comento porque percibo que algunos jugadores de la plantilla siguen sin tener claro su rol en el equipo. Carroll estaba acostumbrado a ser la referencia en el Gran Canaria, mientras que ahora está a la sombra de Rudy. Mirotic no tiene claras sus funciones con Laso y la llegada de Ibaka solo le ha confundido más. Carlos Suárez también ha perdido su papel protagonista, mientras Pocius aún sigue sin asentarse. Mientras tanto, el mejor pívot de la ACB la pasada temporada, Tomic, acumula minutos en el banquillo ante la pujanza de Begic y su falta de kilos para la zona.

Y el caso de los bases es para echar de comer a parte. El equipo fía todo a un jugador con alma de escolta, Sergio Llull, y a otro que sigue sin encontrar la magia de su juego, Sergio Rodríguez. El canario no muestra su baloncesto alegre y sigue sin coger su papel en el equipo, además de ser un agujero negro en lo que respecta al plano defensivo. Hay que tocar madera, porque dos bases en cualquier plantilla son pocos y más si uno de ellos no es especialista. Y es que hay talento en el puesto, pero no madurez ni consistencia.

El resultado de todo ello a principios de noviembre es un Real Madrid esperanzador e ilusionante, pero imprevisible. Fiado a un 'lockout' que se solucionará porque el dinero así lo dice, los blancos viven el presente sin preocuparse mucho por el futuro. Lo que es un riesgo. La llegada de los dos 'cracks' NBA ha cambiado el panorama y ha elevado el baloncesto a realizar a la enésima potencia, pero también ha variado los papeles de los jugadores en el equipo. Ahora la mayoría no saben si jugarán en el próximo encuentro 10, 15 ó 25 minutos. Ni si lo harán de escolta o alero o si mañana Rudy no estará y pasarán a estar en primer plano. Percibo desorden y caos, incertidumbre. Y eso solo se puede solucinar con la estabilidad que dará el tiempo al saber quiénes serán los hombres que lucharán por este escudo a partir de abril. Por eso, y aunque parezca mentira, mientras dure el 'lockout' solo veremos una imagen aumentada y borrosa del Madrid.