domingo, 20 de octubre de 2013

Más allá de Xabi Alonso

En cuestión de mes y medio, poco más de 70 días, Xabi Alonso será un hombre libre para negociar su contrato. El 30 de junio finaliza su unión con el Real Madrid y hasta el momento no ha habido novedades sobre una supuesta intención de renovar. De hecho, el silencio de tolosarra da que pensar, pues todo apunta a que ya ha tomado la decisión de encaminar los últimos pasos de su carrera deportiva hacia otra ciudad y otro club. Él no es hombre de crear falsas expectativas o ilusiones, por lo que a estas alturas es probable que tenga ya bastante meditada su decisión final.

La situación que ha atravesado el futbolista la última campaña no ha sido fácil. Para cualquier otro jugador los casi 32 años que está a punto de cumplir no serían mucho, pero en este caso se trata de un hombre que ha sido exprimido al máximo durante su carrera deportiva. Xabi lleva diez años jugando prácticamente todo en sus equipos y eso le está pasando factura ahora.

Ha sido un jugador prácticamente imprescindible para la Real Sociedad, el Liverpool, el Real Madrid y la selección española, por lo que el cuerpo en este 2013 el cuerpo le ha pedido pausa. Primero con sus problemas de pubalgia, y luego con su fractura en el pie. Por eso a estas alturas todavía no ha tenido la oportunidad de debutar con el equipo blanco en esta temporada y quizás tenga que esperar dos o tres semanas para hacerlo. Lo que supone que hasta al menos mediados de diciembre no habrá recuperado el ritmo de competición que se le puede exigir a un titular en el centro del campo del club.

Quizás la intención de Xabi también sea la de examinarse en los próximos meses para saber si está capacitado para rendir a la altura de lo que necesita el Real Madrid. Él es un gran profesional y lo último que haría sería renovar a sabiendas de que va a seguir cobrando para ofrecer muy poco en el campo. Por eso, los próximos dos o tres meses serán claves en el futuro a medio y largo plazo del club, porque en ellos se decidirá (lo decidirá Xabi) si el equipo mantiene su 'cerebro' de las últimos temporadas o debe acelerar la búsqueda de uno. nuevo.

De momento en los dos meses que se llevan de campaña, el Madrid ya ha dejado claro que lo pasa mal sin el vasco de 'jefe'. Ya sucedió durante los últimos tres años y este parece que no va a ser menos. La plantilla tiene alternativas como Modric o Illarramendi, pero ninguno de ellos aporta la jerarquía de Xabi Alonso. Quizás no sea casualidad que estos momentos de duda del equipo sobre su fútbol hayan coincido precisamente con la larga ausencia del ex de la Real Sociedad. Porque él es uno de esos pocos futbolistas que, con su sola presencia en el campo, aporta un plus de juego.

Así pues, habrá que esperar con expectación para saber lo que finalmente acaba por ocurrir, lo que Xabi acaba por decidir. Florentino ya ha dejado claro que, si él quiere, renovará por el Madrid. Pero hay que prepararse para lo 'peor', pues hay síntomas que indican que está enfilando sus últimos meses como jugador merengue. Su silencio y sus continuas lesiones hacen pensar que él se decantará por el no, y en esta línea el club debe empezar a trabajar.

Porque renueve o no, está quedando bastante claro que el Real Madrid va a necesitar el año que viene un mediocentro organizador. Modric cumple a ratos ahí, mientras que Illarra y Casimiro parecen encajar más en el puesto de un Khedira que cada vez está más fuera del equipo. Y en este punto la solución al dilema parece bastante clara desde hace meses: Ilkay Gündogan. Joven, bueno y fácil de fichar. Las relaciones entre el Real Madrid y el Borussia son magníficas y no pinta a que el conjunto alemán vaya a poner muchas pegas para vendérselo a los blancos.

Y es que no se puede olvidar que el jugador acaba su contrato en junio de 2015, por lo que quizás el mejor momento para darle salida sea el próximo verano. Que Gündogan no haya renovado es sintomático y que decidiera quedarse un año más en Dortmund a pesar de las ofertas lo es más aún. Por eso, y aunque a día de hoy el futuro es realmente incierto, las piezas del puzzle cada vez van encajando mejor. Con Xabi o sin él la vida debe continuar y Gündogan será, desde luego, la solución más sencilla para este dolor de cabeza que se avecina.

domingo, 13 de octubre de 2013

Más que aspirantes, candidatos a todo

En estos días de dudas que vive el madridismo por el fútbol, el baloncesto asoma tal y como acabó la última temporada. El equipo de Laso ha tenido un arranque inmejorable al lograr la Supercopa de manera brillante. A día de hoy no cabe duda de que el Real Madrid es el mejor equipo de España en el deporte de la canasta, por lo que la nueva campaña permite aspirar a ganar los tres títulos que se pondrán en juego. Por delante hay un largo camino que recorrer, pero por lo pronto ya hay una cierta ventaja sobre un rival directo como el Barcelona.

El conjunto catalán terminó en junio pasado un ciclo. Quizás no de forma completa, pues todavía mantiene en su plantilla a jugadores que en los últimos años han marcado su identidad como Huertas, Sada, Navarro, Lorbek o Tomic. Pero sí parcialmente, pues los culés han cambiado prácticamente media plantilla con el objetivo de renovarse y poder limar las diferencias existentes con el Real Madrid. Y es que los blancos certificaron a principios de este 2013 que el gran dominador del baloncesto nacional son ellos, algo que no tenía lugar desde 2007.

Por primera vez en muchos años el Madrid tiene un proyecto estable y ganador. Laso acumula ya dos años en el banquillo, tiempo en el que ha conquistado cuatro títulos, un subcampeonato de Liga y un subcampeonato de Euroliga. La época de dudas sobre su labor ya ha pasado, pues el vitoriano ha demostrado que puede y sabe hacer crecer a un equipo grande para que aspire a todo. El campeonato de la ACB en junio fue el espaldarazo definitivo a su labor, por lo que ahora muy pocos se atreven a cuestionar sus méritos para ocupar el sitio donde se encuentra.

La premisa de trabajo de este verano ha sido la de mantener la columna vertebral del equipo y retocar justo su punto débil, el del juego interior. El esloveno Begic decidió irse por decisión propia, mientras que Hettsheimeir abandonó el equipo tras no contar prácticamente para el técnico. En su lugar han llegado dos jugadores que en conjunto podrán aportar bastante más que los que ya estaban: Bourousis y Mejri. El griego es un pívot veterano, de los mejores del continente, que promete dedicación en defensa, rebotes en las dos zonas y capacidad para atacar defensas en estático.

Por su parte, Mejri llega como una gran 'caja de sorpresas'. El tunecino fue la gran revelación de la temporada pasada y llega para aportar ilusión, intimidación, agilidad en la zona y facilidad para jugar sobre el aro. Sin embargo, su rendimiento dependerá del rol que le quiera otorgar Laso, entrenador muy dado a asignar papeles terciarios a determinados jugadores. Es pronto para saberlo, pero en la Supercopa se pudo leer entre líneas que Mejri será un complemento de la plantilla que tendrá minutos a ratos.

El tercer y último fichaje ha sido Dani Díez, alero de la cantera en el que el club ha decidido apostar. El madrileño es uno de los mejores jugadores españoles de su generación, por lo que tiene por delante una buena proyección. Sin embargo, una vez más el sistema de rotaciones de Laso hacen pensar que el club tendrá que afrontar muchos partidos importantes con Darden como único '3' puro. Y es que no cabe duda de que el puesto de alero alto será el punto más problemático para el equipo en esta temporada que está en sus albores.

Salvando este detalle, estamos ante el Madrid más completo y más compensado de las últimas décadas. Quizás la temporada pasada le llegó un poco pronto a este grupo, por lo que la inexperiencia le pasó factura en algunos momentos como la Final Four de Londres o el segundo partido de la final de la ACB. Pero la semana pasada en Vitoria ya no dio esos mismos síntomas, sino todo lo contrario. Se percibió un equipo más maduro, más experimentado y consciente de que este año está capacitado para cualquier cosa que se proponga. Y es que el capitán Felipe Reyes ya lo dijo hace unos días: ahora el gran objetivo es la Euroliga. Por primera vez en mucho tiempo, el Madrid en octubre no es aspirante, sino candidato a la 'Novena' y a todo lo que se le ponga por delante.

sábado, 5 de octubre de 2013

Sin Higuaín, Karim es menos Benzema

Puede parecer curioso, pero la venta de Gonzalo Higuaín está demostrando haber perjudicado a Karim Benzema. El francés ha comenzado la temporada apático, acumulando ‘conciertos’ de viento en el Santiago Bernabéu por su evidente desgana sobre el césped. La paciencia del madridismo se empieza a agotar al igual que sucedió hace ya meses con la afición francesa, pues en su propio país el delantero ya ha perdido la titularidad y en el equipo blanco solo le está salvando el hecho de tener más caché que el canterano Álvaro Morata.

El de Lyon está sumido en una espiral de insatisfacción donde su mal juego se ve retroalimentado por el mosqueo de los seguidores merengues. El futbolista está incómodo cuando juega en su propio estadio y eso se traduce en fallos evidentes y en un comportamiento que en ocasiones deja mucho que desear. Digamos que el entorno no ayuda y él tampoco es que parezca que esté poniendo mucho de su parte. Aún así, sus propios compañeros han logrado que la afición más exigente del mundo extienda su paciencia con él y de momento no se decante plenamente por los abucheos.

Karim aseguró a la finalización del partido ante el Copenhague que interpreta que el madridismo le pide que trabaje más en defensa. En efecto, lo mínimo que se le debe pedir a un jugador que viste esta camiseta es que lo deje todo por ella. Que se entregue y luche hasta el máximo de sus posibilidades. Pero necesita todavía más: fútbol y goles. Algo donde Benzema también tiene que mejorar mucho. En realidad no se le pide ningún imposible, sino que simplemente recupere el nivel que dio en la temporada 2011/12.

Él puede y sabe, otra cosa es que ahora mismo tenga la cabeza para ello. Actualmente tiene toda la presión sobre él. Hasta el curso pasado podía repartirla junto a su compañero en la delantera, Gonzalo Higuaín. Los dos tenían la misión de ser el '9' del Madrid y José Mourinho nunca se decantó por uno otro, pues se limitó a repartir los minutos según su estado de forma y el rival. En esta situación ninguno terminó de estar cómodo, ya que es muy complicado alcanzar una regularidad alternando el césped con el banquillo.

Aún así, este reparto de tareas permitió esconder las carencias de Benzema en el último año. Tanto el galo como el argentino se complementaban, se motivaban mutuamente y se 'tapaban' en los malos momentos del otro, cumpliendo con lo justo para lo que necesitaba el Real Madrid. Sin embargo, Higuaín optó por cambiar de aires y dejó a Karim con vía libre para hacerse con la titularidad. Con la presión y las obligaciones que eso conlleva.

Y en estas estamos, con el francés en la titularidad haciendo un partido bueno por cada tres malos. Insuficiente para un club como el Real Madrid, un equipo que necesita un delantero que esté a altura de las circunstancias. Por fortuna el conjunto blanco tiene a uno de los mayores goleadores de la historia, Cristiano Ronaldo, sin olvidar la eclosión anotadora de Isco. Con ello ha podido ir sacando adelante muchos de los partidos, aunque menos de lo que le hubiera gustado. Mientras tanto, Benzema sigue desaprovechando las oportunidades que tiene y Morata va comiéndole terreno sin ni siquiera necesitar goles, solo con su entrega.

Sin embargo, todavía no es tarde. Benzema todavía está a tiempo de reaccionar y de demostrar que es consciente de que el madridismo le pide entrega y presencia en el campo. Con eso debería ser suficiente para que lleguen los goles. El presidente Florentino comentó hace unos días que el club no tiene intención de fichar en el mercado invernal, pero seguramente sea una decisión que dependa del rendimiento del delantero. Por delante hay tres meses para testear a Karim. Si no está a la altura ya no tendrá a Higuaín a su lado para dispersar la atención y repartir las 'culpas'. Los focos le apuntan y es su última oportunidad: ahora o nunca, Benzema.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Motivación para escapar de la vulgaridad

Hace una semana comentaba en este espacio que dos meses es muy poco tiempo para pretender encontrar el sello de Ancelotti en este equipo. Y así es. Pero más allá del juego del equipo, hay otro aspecto que merece una reflexión. Hasta ahora está quedando patente es que el Real Madrid cuenta con vicios evidentes del pasado que van a ser muy difíciles de eliminar. Especialmente el de la actitud de muchos de los jugadores cuando el calendario les obliga a jugar en campos de equipos teóricamente inferiores y en partidos donde son claramente favoritos.

Tanto en la última temporada como en el inicio de la presente el Real Madrid se está demostrando como un equipo con problemas de motivación en partidos, a priori, asequibles. La Liga es un campeonato que con el paso de los años cada vez penaliza más los fallos puntuales, pues enfrente está un rival como el Barcelona que solo pierde un puñado de puntos cada año. Por eso, cada empate o cada derrota en este torneo es como una pequeña cornada para las aspiraciones del equipo.

El curso pasado se dio la circunstancia de que prácticamente en el mes de noviembre ya no había título de Liga que disputar. Se perdieron multitud de puntos en campos de equipos de menor nivel que el Real Madrid: Getafe, Sevilla, Granada, Betis, Málaga… Todos ellos con merecimiento, dicho sea de paso. Porque en estos encuentros el Madrid mostró su cara más apática y su juego más vulgar, con un estilo carente de alma y de intensidad.

Por entonces lo sucedido se explicó con base en las diferencias existentes en el vestuario entre jugadores y técnico. Bien, así pudo ser. Sin embargo, a día de hoy hay ciertas sensaciones que se siguen repitiendo como si de un molesto déjà-vu se tratase. Y ya no es una cuestión de jugar mejor o peor, sino de las sensaciones que transmite el equipo sobre el campo. Hay encuentros en los que la movilidad en ataque brilla por su ausencia y en los que todo parece más a expensas de una jugada aislada de Cristiano que de acciones trenzadas y bien diseñadas.

Así se venció en Granada. Luego se mejoró algo, a pocos ratos, ante el Villarreal. Y se ganó el miércoles en Elche. Pero la victoria ante los ilicitanos no puede ni debe tapar que este Madrid sigue teniendo problemas importantes a la hora de afrontar estos duelos de 'pico y pala' ante rivales batalladores.

Durante los últimos días Ancelotti ya se ha encargado de avisar que no se pueden empezar los partidos dormidos como ocurrió ante el Getafe. Y añado que tampoco podemos acabarlos como en el Martínez Valero, porque dos puntos que podía valer media Liga estuvieron cerca de irse al traste por un fallo de concentración.

Y como digo, ya no es cuestión exclusiva de hacer mejor fútbol o peor; pues en esto se tiene que ir mejorando con el paso de los meses. Es un asunto exclusivamente de sacar adelante los partidos poniendo lo mismo que el rival sobre el campo. Si los equipos pequeños juegan con ilusión ante el Madrid, el equipo blanco debe poner tanto o más que ellos. Si no se puede ganar a base de genialidades y de enamorar al público, hay que ir a por la victoria por carácter y orgullo. Es un componente mental, un 'chip' que hay que ponerse ya para no volver a desangrarnos desde el primer momento.

Por fortuna, esta apatía es solo cuestión de días puntuales. En casa y ante los equipos grandes el Madrid casi siempre responde. Mourinho enseñó a competir en las grandes citas a la mayoría de los jugadores de esta plantilla y eso se nota a la hora de la verdad. Ahí no suele haber queja que valga. Pero urge reflexionar sobre los 'otros' partidos y la actitud a la ahora de afrontarlos. Estamos en una época donde la Liga española es una de las más desiguales del mundo entre los aspirantes a ganarla y el resto de equipos. Pero esto sigue siendo fútbol profesional y aquí nadie regala nada. Por eso, el Madrid no puede permitirse el lujo de salir a jugar algunos partidos en segunda marcha. Más que nada porque ya no está Mourinho para cargar con las culpas.

sábado, 21 de septiembre de 2013

No es momento para revoluciones

Solo le han dejado dos meses y ya están empezando a aflorar los primeros comentarios críticos. Un sector de la prensa lleva unos días vendiendo la teoría de que la mano de Carlo Ancelotti no se nota en el Real Madrid y de que el equipo blanco sigue sin tener un juego reconocible. Pero, ¿es que acaso se podía esperar otra cosa a estas alturas de temporada?

El Real Madrid ha jugado esta temporada trece partidos, ocho amistosos y cinco oficiales. Ha ganado doce de ellos y ha empatado solo uno, el último de Liga ante el Villarreal. Sin embargo, ya hay quien le pide más al equipo y empieza a recordar la promesa que Ancelotti hizo el 26 de junio pasado al ser presentado como nuevo entrenador madridista: la de buscar permanentemente el buen fútbol. Por ahora el equipo no se ha lucido demasiado, más allá de momentos concretos y de su espectacular goleada en Galatasaray. Pero es que a estas alturas no le podemos pedir mucho más.

En el fútbol dos meses no son nada. Y menos si en este tiempo ya ha habido dos 'parones FIFA' por los compromisos de las selecciones nacionales. Lo cual se traduce en un par de semanas en las que Ancelotti no ha podido trabajar con su plantilla. Si a eso se le suma que el primero de los meses fue de pretemporada, tenemos que el italiano solo ha dispuesto de unas pocas semanas para inculcar sus ideas y conceptos a los jugadores merengues. Un tiempo escaso para poder ni siquiera pensar que el Real Madrid está en disposición de mostrar su mejor cara a corto plazo.

En el fondo de todo este asunto se intuye una cierta paranoia sobre el legado de Mourinho. Algunos han llegado a vilipendiar tanto al portugués que están impacientes por dejar de ver cualquier rastro del técnico en este equipo. Pero que tampoco se esfuercen demasiado, porque por mucho que les duela, es inevitable que el Real Madrid siga teniendo un cierto toque 'Mou' en su estilo y en su juego. Más que nada porque el ahora entrenador del Chelsea fue el que lo reconstruyó prácticamente de cero desde el caos dejado por Pellegrini en 2010.

A día de hoy no podemos esperar un Real Madrid de juego puramente de toque (digamos tiki-taka), porque no está preparado para eso. Durante tres años el equipo ha sido programado para jugar de una manera muy concreta que, dicho sea de paso, se adapta a como un guante a las características de sus jugadores. La idea que subyace en todo esto es que el conjunto merengue no puede jugar a algo muy diferente a lo que ha jugado en los últimos tiempos porque no sabe hacerlo. El 'leitmotiv' de este equipo es la velocidad y juego directo y sería absurdo intentar cambiar esto.

Así se vio el martes pasado en Estambul, donde el Madrid completó su mejor segunda parte de la temporada. A la contra devoró al Galatasaray por rapidez, calidad y pegada. Y jugó muy bien, haciendo gala del estilo que le ha caracterizado en los últimos años y que en 2011 le permitió ganar la Liga más espectacular de la historia. No en vano, tiene a los dos mejores jugadores del mundo para este estilo, Cristiano Ronaldo y Bale. Y además le agrega otros muy buenos para ello como Di María, Jesé o Modric. Al fin y al cabo, cada uno intenta jugar como mejor sabe y el Madrid lo tiene muy claro desde hace tiempo.

Esto no impide que este año contemos con un equipo con más recursos gracias a los nuevos fichajes. Carvajal aportará más profundidad y ataque por la banda derecha, Isco más llegada y movilidad en segunda línea, Casemiro e Illarra más frescura y salida de balón en el centro del campo... Detalles que permitirán que el Madrid de Ancelotti cuente con más posibilidades a la hora de plantear los partidos, sin que se vea asfixiado ante rivales defensivos de gran orden táctico. Por ello, este conjunto tiene más variables y soluciones que el de Mourinho, pero en el fondo su esencia va a seguir siendo la misma. No nos volvamos locos y busquemos revoluciones, porque el objetivo es aprovechar el trabajo hecho en los últimos años y crecer a partir de él.