viernes 28 de agosto de 2009

Contagiados por los medios

"La prensa es el cuarto poder". Se trata de una afirmación que la historia se ha encargado de atribuir al político irlandes del siglo XVIII Edmund Burke y que resume en pocas palabras el dominio que los medios de comunicación tienen sobre las masas. Y es que el periodismo es una profesión que como en la mayoría de labores se puede desempeñar mejor o peor, pero que en su caso incluye el concepto de responsabilidad. Responsabilidad con la sociedad en un primer término y con uno mismo en un segundo plano. Es, por tanto, una cuestión de ética y de un ejercicio de implicación, por lo que la honestidad cobra un papel fundamental a la hora de ejercerla.

Pues bien, a lo largo de esta primavera y verano de 2009, los medios a escala mundial se han encargado de bombardearnos con informaciones relativas a la Gripe A(H1N1), una variante de la Gripe española que afectó a millones de personas durante los años 1918 y 1919. Así, el 13 de abril moría una mujer en México que estaba infectada por el virus, por lo que se daba el pistoletazo inicial a un largo listado de noticias preocupantes sobre la extensión del mismo. No ha habido día en el que los diarios y periódicos de gran parte del planeta no abriesen su cabecera con nuevos datos y cifras sobre la evolución de la enfermedad, llegando a generar una preocupación en la sociedad que probablemente no sea acorde a la verdadera dimensión del problema.

¿Y cuál es esta dimensión? Pues la de una enfermedad que presenta un cuadro "más leve y corto" que la estacional y que en estos momentos se encuentra en una fase inicial, por lo que su evolución es incierta de cara al futuro. De hecho, para la directora general de la OMS, Margaret Chan, "puede que en un mes este virus desaparezca, puede que se quede como está o puede que se agrave". En consecuencia, aquí es donde radica el verdadero problema de la misma, en sus posibilidades de mutación en un futuro, un aspecto que a todas luces se convierte en imprevisible y ante el que sólo queda la precaución y el tratar de evitar los contagios.

Todo lo que sea ir más allá, en una dirección encaminada hacia el alarmismo, será una actividad más enfocada a los intereses económicos que a los puramente humanos. Porque, preguntémonos, ¿cuántas personas han muerto hasta el momento (en casi cuatro meses) por gripe A en el mundo? 2.185. ¿Y en España? 20. Y ahora, vayamos más allá. ¿Cuántas personas mueren al año por la gripe común? Entre 250.000 y 500.000. ¿Y en España? 3.000. Y la pregunta final, la más relevante quizás para lo que nos compete: ¿De cuántas de estas muertes por la gripe común se hace eco la prensa? De ninguna, o cuanto menos, de una ínfima parte.

La idea que subyace de estos datos es la necesidad de establecer una cierta precaución en relación a la enfermedad, pero siempre exenta del alarmismo con el que convivimos en estos días. En la labor periodística actual se hace preciso una actuación desde la mesura donde se le de la voz a los científicos, que al fin y al cabo, son los verdaderos expertos en la materia. Profesionales, que, por otra parte, ya se encargan de llamar a la tranquilidad, como el director del Centro Nacional de Gripe de Valladolid, Raúl Ortiz de Lejarazu, quien aconseja tratar los casos como si fueran de "una gripe común".

O incluso van más allá, como es el caso de Germán Velasquez, alto funcionario de la Organización Mundial de la Salud (OMS), quien en mayo, poco después de la aparición de la enfermedad, hablaba en términos de "exageración de la prevención" y mencionaba a "la fabricación de medicamentos o vacunas a volúmenes gigantescos" señalando a los medios como parte importante de esta campaña: "la prensa, que hace un muy buen trabajo, pero cuyas primeras páginas con noticias alarmantes hacen subir las ventas o aumentar la audiencia, e intereses de tipo político, por ejemplo para ocultar problemas como la crisis financiera". No en vano, se estima que las farmacéuticas encargadas de fabricar las vacunas puedan llegar a desembolsarse la sorprendente cifra de 800 millones de euros.

En este contexto de crítica el siguiente paso es el de alimentar la habitual teoría de la conspiración, algo que ya se ha encargado la austriaca Jane Bürguermeister, periodista que ha presentado cargos al FBI contra la OMS, la ONU y varios funcionarios del gobierno por supuestos actos de bioterrorismo en los que se habría creado de manera artificial en laboratorios esta nueva variante del virus para generar una pandemia y generar beneficios económicos con los tratamientos posteriores. La verdad es que suena a guión cinematográfico de Hollywood, por lo que hay que tomarse semejante acusación con ciertas reservas.

Lo que es indudable es que existen intereses empresariales para crear miedo y preocupación en relación a esta nueva pandemia, por lo que todo acto que implique acopio de medicamentos a escala mundial supondrá un incremento de los beneficios económicos. En definitiva, es un juego especulatorio donde la manipulación juega un papel fundamental y en el que los medios de comunicación hacen el trabajo sucio de hacer llegar a cada ciudadano el mensaje del pánico. Ya lo hicieron con el brote de gripe aviar al insinuar, en 2005, que una pandemía de la misma causaría entre dos y siete millones de muertes en todo el mundo. En realidad, murieron (hasta hoy) tan sólo 272 personas. Eso sí, los beneficios para las farmaceúticas fueron millonarios por la compra de medicamentos que luego no hicieron falta. Ahora se habla de que cerca de 2.000 millones de personas pasarán la enfermedad en algún momento. Así que, entre recuento y recuento de contagios, habrá que echarle un vistazo a la Bolsa.


Ç

*Si estás de acuerdo con lo dicho en este artículo, puedes unirte a este grupo de Facebook: Yo también creo que la prensa manipula sobre la Gripe A.

viernes 19 de junio de 2009

El juego de la crisis

96 millones de euros. Mucho dinero, sin duda. Y más para un fichaje futbolístico, para una actividad que no deja de ser un deporte con una mera función social catártica. De ahí que desde que el Real Madrid anunciara su millonaria oferta por el portugués Cristiano Ronaldo el debate haya surgido a una escala mundial sobre si realmente son normales estas cifras. La tendencia lógica ha sido la de echarse las manos a la cabeza, dada la severa crisis que azota la economía desde finales del año pasado. Pero... ¿realmente existen motivos para escandalizarse?

Me parece curioso que las principales críticas lleguen desde la esfera de la política, acompañada de la demagogia desde definición. Y es que un buen número de políticos se han apresurado a opinar sobre el tema, mostrando en la mayoría de los casos su opinión contraria a semejante dispendio económico. La diputada del PP Celia Villalobos ha llegado a hablar de "suicidio" del Real Madrid, mientras que el portavoz del PNV, Josu Erkoreka, se pronunció con la afirmación de que el traspaso "es un elemento perturbador para el desarrollo económico armónico y que no tiene beneficios sociales evidentes". Hasta el mismísimo presidente del Gobierno lo ha criticado al tildar la operación de "excesiva", si bien ha admitido la fuerza social que tiene el fútbol en España.

Declaraciones que quedan muy bien en un contexto de crisis social en el que se han alcanzado cifras de paro superiores a los cuatro millones. Pero de la compra de 46 misiles militares por la "mísera" cifra de 57 millones de euros, ni una palabra. Será que son muy necesarios, no nos vayan a invadir este verano la isla de Perejil y tengamos que defendernos. Así que lo fácil es criticar al fútbol, ese deporte que se gasta tantísimo dinero a cambio de un beneficio social aparentemente inútil.

La realidad es que el mundo del fútbol en materia económica ha evolucionado enormemente en los últimos 12 ó 13 años. Muy lejos quedan los 600 millones de pesetas que en 1996 el Madrid gastó en fichar a Roberto Carlos del Inter de Milán, obteniendo con el fichaje al probablemente mejor lateral zurdo de la historia. Una temporada en la que el Madrid también se gastó unos 1.200 millones de pesetas en fichar a Mijatovic; como anticipo a que su vecino de enfrente, el Atlético de Madrid, pusiese sobre la mesa otros 3.000 millones para contratar al menudo mediapunta brasileño Juninho. La liebre había saltado y desde entonces las cifras no han dejado de crecer.

De esta forma en agosto del 1999 el Real (sí, de nuevo el Madrid, al parecer experto encarecedor de mercados futbolísticos) pagaba la exagerada cifra de 5.500 millones de pesetas para contratar a Nicolas Anelka, delantero francés del Arsenal y finalmente mejor jugador de PlayStation que del deporte rey. Una operación que Lorenzo Sanz, por entonces presidente merengue, definía como "bendita locura". A cambio dejaba irse al Inter a Clarence Seedorf por unos 3.500 millones, a un precio seis veces superior de lo que le había costado al club su fichaje tres años antes. Se demostraba que en tres veranos algo había pasado en el mundo del fútbol.

Luego llegaría Florentino Pérez y sus 10.000 millones por la cláusula del referente culé Luis Figo, sus 72 millones (ya de euros) por Zinedine Zidane y sus cerca de 40 millones por jugadores como Beckham y Ronaldo. En menos de una década las cifras se habían multiplicado por diez y el fútbol había pasado a convertirse en un negocio multimillonario capaz de mover unos números que sólo otros deportes de masas como el baloncesto de la NBA ó la F-1 podían alcanzar. Sin embargo, la situación se estabilizó en los primeros años del siglo XXI, curiosamente con la salida de Pérez de la presidencia madridista. Los fichajes de alto nivel en el fútbol se situaban en un horquilla que iba entre los 10 y los 40 millones y todo parecía que no cambiaría mucho en las temporadas posteriores.

Pero Florentino ha vuelto en este 2009 y con él de nuevo ha regresado el dispendio. En poco más de diez días ha gastado más de 160 millones de euros en contratar a probablemente dos de los tres mejores jugadores del mundo; y lo que le queda. Una cantidad de dinero desorbitada, pero que, según el propio presidente del Madrid, será rentabilizada en unas tres temporadas; merced a los contratos publicitarios de los jugadores y a las diversas actividades de márketing que el club desarrolle. ¿Dónde está el problema entonces? El fútbol es un negocio como cualquier otro, lo único que mueve mucho dinero y que a diferencia de otros, trabaja con mercancía humana, con futbolistas.

Por eso, Mediapro tiene firmado un contrato televisivo con el Madrid valorado en 1.100 millones de euros por siete temporadas. Éso es lo que vale el fútbol del Real Madrid durante siete años, el precio del espectáculo que da un club puntero a nivel planetario que cuenta con una marca comercial valorada en más de 1.000 millones de euros. Y si es uno de los equipos que mueve más dinero en el mundo, lo lógico es que se gaste lo que se le exija en el mercado por el mejor jugador, conforme a las leyes de la oferta y la demanda. Como ocurre en otros negocios, véase el publicitario. En el que, por cierto, yo no he leído ninguna crítica reciente por los 2.140 millones de euros que en 2007 Coca-Cola se gastó en publicidad. Será que algunos acuden a la ética según les conviene.


lunes 29 de diciembre de 2008

Los payasos de la tele

Lunes, 22 de diciembre de 2008. Mañana de ilusiones y esperanzas para millones de españoles, mañana de trabajo para muchos, mañana de información para unos pocos. La jornada transcurre con la normalidad que puede tener un día así, más allá de lo que va deparando el dichoso azar y de las gotas de humor que desprenden la decena de personajes que desfilan por el salón de loterías de la calle Guzmán el Bueno: unas señoras vestidas de angelitos, un joven en bata y con zapatillas de andar por casa, un señor portando un dorado traje conformado por 20.000 monedas de 1 peseta y cuyo peso es de 40 kilos... Es la Lotería de Navidad.

De pronto poco antes de las once de la mañana, un par de bolitas caen de sus bombos dando vueltas. Pueden que sean un simple premio más, de esos que resuenan a lo largo de tres horas de manera repetitiva, de los que se quedan en unos simples mil euros. Pero esta vez es un número que pronto se convierte en codiciado, es el segundo premio: 78.400. Vaya, una cifra redonda, de las que me gustan y que por lo visto después averiguo que la gente rechaza. Será por tener tantos ceros...

Un momento, que alguien se levanta de su asiento en el salón de loterías. ¡Parece que tiene un décimo premiado! Nos acercamos todos, ávidos de conseguir una imagen que demuestre lo caprichoso que puede ser el azar, mira que tocarle a alguien en vivo y en directo... Ahhh, no, ¡qué va! Confirmo lo dicho, el azar es muy caprichoso, pero en este caso también cruel: el buen hombre tenía el 76.4oo. Un ocho por un seis y hubiera cambiado la historia. Maldita cifra.

No tarda en sonarme el teléfono. El segundo premio ha caído en Villaverde, más en concreto, en una administración de loterías situada en el centro comercial de Ciudad de los Ángeles. Toca irse del salón, aún conteniendo la tensión por la ausencia todavía del gordo. Ya me enteraré después de cuál es, que las prisas mandan. Así es como una hora después estoy a las puertas del Carrefour madrileño, buscando una fiesta que debe acabar de empezar. Pero no me hace falta esforzar mucho la vista, porque una maraña de periodistas y reporteros me indica cuál es uno de los lugares con más suerte de España.

Me dispongo a hacer la clásica toma de declaraciones y de recursos de los agraciados. Digo clásica porque se podía hacer el experimento de poner en las noticias del día imágenes de archivo de un gran premio cualquiera de una Lotería de Navidad cualquiera, que seguro que colaban como actuales. Todos los años lo mismo y las mismas declaraciones, sólo que cambian las personas:
  • Lotera cualquiera: Ha sido una sorpresa para todos nosotros, me alegro mucho de haber repartido tanto dinero...
  • Premiado cualquiera: Estoy que todavía no me lo creo... Supongo que me lo gastaré en pagar la hipoteca y algún capricho...
En eso estaba yo cuando de repente noto que una marea humana se me viene encima. Gente con cámara en hombro, con micrófonos en mano, con blocs de notas... periodistas en definitiva. Me empujan y provocan que me cueste mantenter el equilibrio. Rodean a alguien que acaba de llegar, pero no soy lo suficientemente alto como para vislumbrar quién es. Vaya, parece que la noticia ha llegado, toca sacar codos y hacerse un hueco en la jungla. Poco a poco veo que es una señora mayor, casi anciana. Muy apurada ella, blande una bolsa de plástico en la que dentro se vislumbran papelitos muy pequeños, como trozos rotos. Dice que es un décimo de lotería premiado que ha lavado sin querer con su bata...

Tenemos la anécdota de la jornada. Poco a poco la señora se mete en la administración de la lotería y habla con la responsable, que la tranquiliza: el décimo debe ser analizado, pero probablemente podrá cobrar el premio. La buena señora sale más tranquila y allí cuenta su rocambolesca historia, más rocambolesca aún si se puede merced al bocadillo envuelto en papel de aluminio que porta en la mano. Resulta que había metido en la lavadora su bata con el décimo en su interior y la había pegado un agua. Cuando salió el premio se dio cuenta de su error y, apurada, atención, lo metió en la primera bolsa que encontró, en la cual tenía guardados su reserva de guisantes.

Increíble historia, aunque como la realidad suele superar a la ficción, ha de ser cierta. Al menos es la idea con la que me voy tras acabar de seguir las celebraciones en Villaverde. Pero llega la tarde y con ella, el rumor de que lo que parecía una graciosa anécdota es en realidad una farsa llevada a cabo por el Follonero, graciosete profesional de La Sexta y por lo que parece también investigador profesional, de esos que hacen estudios muy complejos para dejarles a otros las vergüenzas al aire. Vamos, que una actriz contratada por este señor se había acercado a este barrio madrileño para demostrar que cualquier espabilao sin nada que hacer puede generar una noticia.

La realidad es que la gracia ha traído cola. Desde los que creen que la broma puede ofender a los parados en estos tiempos de crisis (¿y a los periodistas que sufrieron los avatares por cubrir la información?, me pregunto yo) a los que piensan que los verdaderos responsables de tamaño sainete son los propios plumillas. Sí, hasta el propio periodista Urbaneja ha llegado a afirmar que "El patín no lo ha montado el programa, sino la atracción [que sienten los medios] por lo raro, lo perverso y lo anómalo. La responsabilidad recae en quien busca la información, pero esto no habría ocurrido si se hubiesen cumplido dos principios: la búsqueda de la verdad y la verificación de la noticia. Esto me trae a la cabeza aquel viejo principio del buen periodismo".

Claro, ahora en el kit del periodista debería ir un polígrafo, para aplicárselo a todo aquél que nos aporte una declaración. O mejor, el periodista debería haberse pasado la tarde entera buscando dos fuentes más que dieran veracidad a todo lo dicho por la mujer: su hijo y la vecina del cuarto, mismamente. Total, se trata de una información de relevancia nacional que quizás nos saque de la crisis. Pero mejor no hablemos de la crisis, que lo mismo también los periodistas tienen la culpa...

Sin duda, la información era de por sí absurda. La historia que contaba lo señora lo era y el eco que iba a tener era casi nulo, más allá de lo anecdótico. Pero era un hecho que a la gente le iba a permitir sacarle una media sonrisa, tan acostumbrada como está a consumir noticias del prójimo de poca relevancia, cuyo máximo exponente son las revistas del corazón. Era quizás una de las imágenes del día, aquella que nos podría rescatar de la redundancia de los loteros y premiados celebrando su suerte con unas botellas de cava. Y el Follonero, muy espabilao él, lo sabía. Así que se aprovechó de ello, a costa de la labor periodística de unos cuantos y de la candidez de otros muchos. El resultado, una broma muy publicitaria y de escaso gusto. Pero eso importa poco, porque ha vuelto la era de los payasos de la tele. Sólo que ahora son distintos a los de hace cuarenta años.


jueves 2 de octubre de 2008

Egipto: El caos tranquilo

Seis días en Egipto dan para sorprenderse. Sobre todo si el visitante no está muy avezado en eso de los viajes internacionales, como admito que es mi caso. Más que nada porque era la primera que vez que viajaba a África y más en concreto a un país de religión islámica, con todo lo que ello supone. El choque cultural a primera vista es patente, si bien no se puede catalogar de positivo o de negativo; simplemente uno al llegar allí se topa con algo distinto a lo que está acostumbrado a ver en España.

Así, nada más salir del aeropuerto lo primero con lo que el foráneo se encuentra es con un tráfico caótico donde no hay reglas aparentes, ya que lo que prima es la pericia y experiencia del conductor. La ausencia de carriles, de semáforos, de pasos de cebra y en definitiva, de señales de tráfico, se ve paliada por la ley de la selva donde prácticamente todo vale, excepto el estresarse por semejante anarquía. De hecho, y como aspecto curioso, parece que los paisanos cairotas tienen asimilado un lenguaje de comunicación vial a través de bocinazos. Algo que podrían convertir en deporte nacional, porque tocan el claxon por cualquier cosa...

Tras la interesante experiencia de hacer un viajecito por las salvajes carreteras egipcias, el siguiente paso es darse cuenta de la inmensidad de la ciudad. Una metrópolis como esta de más de 17 millones de habitantes da mucho de sí, y la verdad que ir de un sitio a otro en ella no suele ser cosa de un rato. Se trata de una urbe con más de 1.000 años de historia y con una tradición cultural importante para el mundo islámico, por lo que le está costando occidentalizarse. Las infraestructuras que posee están en su mayoría anticuadas y muchos de sus ciudadanos desprenden un aire descuidado que empieza a contrastar con el toque moderno que están adoptando sus nuevas generaciones.

En el aspecto social, puedo decir que he regresado con una grata impresión. En líneas generales el pueblo egipcio es amable y respetuoso, e incluso llegaría a afirmar que amigable. El contraste cultural con occidente está bastante bien asimilado (se trata de un país básicamente turístico) y uno allí se puede llegar a encontrar como en casa. Eso sí, cuidado con los pasados de listos y estafadores, porque allí a las primeras de cambio te ayudan en cualquier minucia (como darte papel para secarte las manos tras lavártelas) y a continuación enseguida ya te están pidiendo una propina. Y es que, como en todos lados, hay mucho espabilao.

Todavía no he hablado quizás de lo más importante... ¿qué ver allí? Lo primero, evidentemente, la pirámides. Tanto las de Giza como las de Saqqara. Las primeras por nombre y magnificiencia y las segundas por históricas, por antiguas. Aunque la verdad es que uno de tanto escuchar las excelencias de las mismas, se va de allí con una pequeña decepción. Es lo que tiene hacerse ilusiones... Después tenemos el Museo Egipcio, que no es otra cosa que una gran y bastante desordenada colección de vetustas piezas de la antigua civilización local que para ojos inexpertos acaban por convertirse en idénticas unas de otras tras dos horas de visita. Pero eso sí, la máscara de Tutankamón, de visita obligada.

Más. El centro histórico de la ciudad. Con su Barrio copto (y sus correspondientes iglesias y callejones repletos de historia, muy interesante), su Ciudadela de Saladino (bellas vistas y bonitas mezquitas, pero algo aburrido quizás) y su mercado de Jan el-Jalili. Este último es una calle estresante y llena de vida que está repleta de mercadillos donde el turista puede vivir la experiencia de regatear con los vendedores locales. Hecho que sin duda está muy bien, pero que puede dar un poco cuenta de la ineptitud comercial propia, sobretodo cuando uno se encuentra que en la tienda de al lado te dejan el mismo objeto que acabas de comprar por la mitad de precio...

En definitiva, El Cairo es una ciudad sorprendente y caótica a partes iguales, impregnada por un aroma histórico y cultural que la hace única. Aspectos que además se ven multiplicados exponencialmente si se visita en fechas de Ramadán, como ha sido mi caso. De hecho, todavía se me hace raro no escuchar la llamada a la oración desde los minaretes...

domingo 10 de agosto de 2008

Estados Unidos o el baloncesto mentira

Cincuenta y cinco, treinta y dos, treinta y seis, veintiuno y once. Son los puntos de ventaja con los que la selección estadounidense de baloncesto cerró sus cinco partidos preparatorios para el torneo de los JJ.OO. Unas diferencias claras que hablan del potencial de un equipo que parece pasearse por las canchas de baloncesto en las que juega. Y es que ocho años sin ganar un título internacional destacado es mucho tiempo, y el combinado yankee se ha decidido a llevar a varios de sus mejores jugadores NBA para volver a situarse a la cabeza mundial. Estrellas del baloncesto acostumbradas a cobrar millones de dolares cada año, pero... ¿con el éxito asegurado en Pekín?

Es un gran equipo, sin duda. Pero no hay que llevarse al engaño. Porque esta selección está a años luz del baloncesto de aquél combinado que se reunió para jugar en Barcelona allá por 1992 (quizás el mejor equipo de toda la historia, pasada, presente y futura) y porque presenta una prepotencia malsana. No es cuestión de ganar a sus rivales por una diferencia que roza la humillación, no. Es cuestión más de márketing, de nombre. No hay más que ver la admiración china que levanta el conjunto durante sus partidos en la capital del país asiático, representada en las expresiones exclamativas de los aficionados cada vez que un jugador norteamericano abusa del pobre aro rival.

Estados Unidos, como se hace en su NBA, juega de cara a la galería. No sabe hacer otra cosa. Correr, saltar y tirar. Cualquiera diría que algo de manual en baloncesto. Y sí, es lo más básico de este deporte, es diríamos su ABC. Pero si nos paramos a analizar un poco la situación del básket mundial, plantear hoy en día ése juego en un partido FIBA es jugar al estilo propio del Paleolítico. Por fortuna, el baloncesto actual presenta una profundidad mucho mayor que la que se pregona en EE.UU, unas posibilidades que se ven ampliadas merced a aspectos como la táctica y la técnica. Incluso a algunos de los jugadores yankees les sobra de la segunda, como a Kidd o a Bryant, pero de la primera tienen poco conocimiento.

Llegados a este punto, con el físico les sobra para pasar por encima del 95% de sus rivales. Poco importa que la mayoría de los árbitros FIBA hagan la vista gorda en la mayoría de las infracciones flagrantes que cometen según la normativa europea (pasos de salida, dobles y demás normas que dificultan la práctica de este deporte), porque EE.UU tiene una poderosa ventaja sobre el resto. Son más fuertes, saltan más y mejor y saben hacer un juego rápido y directo, de esos que a los oponentes les obligan a hacer un partido casi perfecto para ganar. No hay más que ver sus partidos, todo un compendio de saltos y acrobacias aéreas que entran por los ojos, pero que no exprimen las verdaderas posibilidades de este juego.

Así pues, las claves para ganarles pasan por plantearles un partido duro tácticamente y tener algo de acierto en los porcentajes de tiro. La defensa en zona, recurso que no se utiliza en la NBA porque es antónimo de espectáculo, se presenta como principal baza de los equipos europeos que jueguen contra el combinado de las barras y estrellas. A lo que hay que unir un tempo de partido lento que no les permita realizar sus clásicos contrataques acabados en machaque del aro rival; algo que ya hizo con éxito Grecia en el último Mundial (101 - 95). Y es que EE.UU sufre mucho cuando tiene que atacar en estático, sus ataques posicionales dejan mucho que desear y sus porcentajes bajan claramente como resultado de que cada jugador sólo sabe hacer la guerra por su cuenta.

En resumen, el juego en equipo unido a la suerte en el tiro se antoja como factor desequilibrante de los equipos que quieran batir a los estadounidenses. Porque los americanos son un gran equipo, pero ni mucho menos invencible como parece que quieren aparentar. Arrastran la pesada carga de suceder al Dream Team, cuando no tienen ni la mitad de magia e imaginación que el equipo de Jordan, Magic, Malone o Pippen atesoraba. Ahora sólo pueden ofrecernos mucho músculo y un poco de calidad. Y España tiene mucha calidad y un poco de músculo. Así que, ¿quién dijo miedo?


lunes 14 de julio de 2008

La Cerradura: Indiana Jones y la calavera de cristal

Antes de comenzar a ver la película admito que tenía mis dudas. ¿Indiana Jones volvía con 65 años y tras más de dos décadas sin ponerse el sombrero? No, por favor. Uno de los mejores aventureros que había dejado el siglo XX no podía volver para arrastrarse de esta manera, o más bien, no debía. Pero el dúo Spielberg y Lucas se había empeñado en retomar al héroe y aunque eso implicó una ardua labor de selección del guión definitivo, el resultado final me dejaba muchas dudas. Así que antes de entrar en el cine, sabía que iba a ver una buena película, quizás de las mejores del año; algo, que sin embargo, no me aseguraba que se lograse colocar al nivel de sus tres predecesoras.

Pues bien, ahora que ya he visto el filme, puedo decir que me ha sorprendido gratamente. Lo ha hecho porque en mi opinión, consigue mantener la línea de la trilogía, aunque eso sí, a duras penas. Uno de mis miedos era pensar que esta nueva edición de Indy pudiese empañar algo el buen trabajo de las anteriores entregas. Es decir, desmerecerlas. Y la verdad es que habrá imprensiones de todo tipo, pues para gustos los colores, pero al menos la mía ha sido positiva. ¿Será cosa de mi pesimismo anterior?

Tras unas escenas iniciales bastante anodinas y quizás impropias de una saga de tal magnitud (para recordar están los espectaculares comienzos de En busca del Arca Perdida o de Indiana Jones y el Templo Maldito) por fin aparece nuestro héroe en una imagen cargada de simbología. Volvemos a encontrarnos con Jones veinte años después, y la primera impresión es que ha envejecido y que, a pesar de encontrarse en buena forma, no tiene edad ya para enfundarse el traje de explorador. Aún así, démosle un voto de confianza, para eso estamos en el cine...

Sin embargo, desde el primer momento el espectador descubre que es el propio Indiana el que bromea con su edad y con sus dificultades para continuar con su vida de acción. Un aspecto casi redundante en la película y que como suele ser habitual, humaniza al personaje, ya que si algo es Jones es humano. Ha pasado el tiempo y el protagonista lo sabe, si bien en los primeros minutos del metraje se encarga de demostrar que todavía es capaz de saltar, golpear, correr y de tener la suerte de la que siempre hizo gala. Veinte años y sigue contando con los mismos recursos de antes; creíble, aunque cada vez menos.

El filme en sí es entretenido y espectacular por momentos, con mención especial a la bonita fotografía de la que hace uso. Los actores hacen honor a su caché y regalan al espectador unas notables interpretaciones, con especial mención al trabajo de Shia Labeouf como digno y previsible sucesor de Harrison Ford en futuras secuelas. Pero si de algo cojea la película es de su argumento, una historia que aunque en un comienzo ofrece interés, acaba por complicarse de manera incomprensible hasta convertirse casi en absurda.

El problema de ello reside en la casi obsesión de Spielberg por incluir elementos ufológicos en sus filmes. Bien es cierto que Indiana Jones siempre incorporó elementos fantásticos e irracionales a sus historias, pero siempre con la mesura y el atractivo que aportaban los misterios arqueológicos. Pero esta vez los hechos se acaban por hacer bastante increíbles para el espectador, ya que el argumento acaba por degenerar en una demostración más propia de filmes como Depredador o Alien que del que nos atañe. No quiero convertir esta crítica en carne de spoiler, pero simplemente decir que el final, es, con diferencia, lo más flojito de la película.

Nos encontramos por tanto ante una de las mejores cintas de aventuras de los últimos años, que cuenta con unas grandísimas interpretaciones y con el atractivo de tener el sello Indiana Jones. Algo que, por otra parte, no garantiza que esta nueva película tenga la calidad de las anteriores, un objetivo que desde el principio era muy difícil de conseguir. Pero al menos esta Indiana Jones y la Calavera de Cristal mantiene el tipo y no se convierte en un lunar para el currículum de nuestro arqueólogo favorito. Aunque podíamos pedirle más. Al fin y al cabo, es Indy...

PUNTUACIÓN: 9 / 10

martes 1 de julio de 2008

Con el fútbol por bandera

Se acabó la Eurocopa. Y lo hizo de una manera inesperada, aunque justa, muy justa. A diferencia del 2004, cuando Grecia, quizás la selección más rácana de la última década, levantaba el máximo trofeo continental. Pero estaba vez tocaba que ganase el fútbol, y por eso quien se ha llevado el premio ahora ha sido España. Un hito sin duda sorprendente para todos aquellos aficionados hispanos que, tras años y años de desilusiones, veían en este torneo un nuevo motivo para deprimirse a costa del fútbol nacional.

España campeona. Permítanme que lo repita, porque todavía no me lo creo: CAMPEONA. Sí, y jugando el mejor fútbol visto en Europa desde ese Barcelona campeón de la Champions hace un par de años. ¿La fórmula? Aunque parezca una perogrullada, jugar al fútbol; lo que se resume en intentar tener el balón y cuando no se tenía, ser lo suficientemente inteligente como para robarlo y salir a la contra de manera ordenada, con futbolistas rápidos y de gran recorrido. Algo que no se podría hacer sin un trabajo táctico envidiable sustentado en el mejor centro del campo de Europa y en una pareja de delanteros de primer nivel.

Una de las grandes dudas de España en los últimos años fue si debía apostar por los extremos (Joaquín, Vicente, Navas, Reyes...) o darle la oportunidad a un centro del campo cimentado en jugadores de toque. La anterior Eurocopa y el último Mundial fueron un campo de experimentación para un equipo que no sabía a qué jugaba realmente. Porque España siempre ha sido un equipo técnico y ordenado, pero que a lo largo de su historia no ha definido una identidad que lo caracterizase. Y es que mientras Italia siempre ha apostado por el fútbol defensivo, o Brasil por el juego de calidad; España tocaba la mayoría de los palos sin decantarse por uno. ¿Prejuicios quizás?

Digo esto porque siendo la Brasil de Europa, parece que España siempre ha tenido miedo de apostar por un juego vistoso y de toque. Sin duda, las bandas en el fútbol son muy importantes, pero como se ha comprobado en esta ocasión, no es vital jugar hasta la línea de fondo. No al menos si cuentas con jugadores con gran movilidad capaces de hacer diagonales desde las bandas hasta el interior con velocidad y calidad técnica. El ejemplo son Iniesta y Silva, dos futbolistas que a pesar de partir teóricamente desde la banda, han sabido asociarse con los mediocentros (Xavi, Cesc y Senna) para crear el fútbol en tres cuartos de campo.

Como digo, la movilidad de los jugadores de España ha sido una de las claves. Moverse de manera inteligente, sobre todo cuando no tenían la pelota, ocupando los espacios vacíos aunque esto implicase perder la posición original. Porque si un futbolista se movía de su zona, siempre tenía a un compañero que cubría su puesto; principalmente Marcos Senna. El brasileño ha cuajado una Eurocopa impresionante y parece que a sus 31 años está en su plenitud deportiva. Hace un fútbol fácil, sin complicaciones; a lo que une un despliegue físico y táctico sorprendente. Sin duda, uno de los pilares de equilibrio de esta selección campeona.

A la técnica e inteligencia de los centrocampistas hay que aunar el buen trabajo defensivo de los centrales, representado por unos Puyol y Marchena que, tras una temporada mediocre en sus respectivos equipos, han sabido compenetrarse a la perfección y ganar casi todas las batallas que se les han presentado, especialmente en los partidos de Italia y Alemania. Y eso que la defensa española comenzó sembrando muchas dudas en el torneo, sufriendo ante equipos de presumible mayor presencia física, como son Suecia o Rusia. Pero poca cosa si se tiene en cuenta que a pesar del alto nivel de esta competición, Casillas tan sólo se ha tenido que lucir en un par de ocasiones en todo el torneo.


Sobre los delanteros, destacar el trabajo notable que han desarrollado los tres. Villa ha acabado pichichi y ha demos- trado que es un jugador de talla internacional, aunque en la Eurocopa ha ido de más a menos; quizás le rompió el ritmo de competición el ser suplente ante Grecia. En cuanto a Torres, el fuenlabreño ha decepcionado algo si analizamos toda su participación en el torneo, porque podíamos haber esperado de él una mayor relevancia en el juego español. Pero es algo que sin duda se le perdona si se tiene en cuenta su gol en la final ante Alemania, que no es más que lo que los aficionados españoles podíamos exigirle: fuerza, velocidad y definición. Y finalmente Güiza, que ha mostrado una gran movilidad en el terreno de juego y una alta productividad en la relación de minutos - goles.

Se recuperó el espectáculo
El resto de la Eurocopa se puede resumir de manera positiva. Tras, como digo, una edición del 2004 para olvidar en lo futbolístico, este año el torneo ha supuesto un poco de aire fresco para los aficionados. En general los equipos han intentado tratar bien el balón y algunas selecciones han rayado a un nivel excepcional. Ha sido el caso de Portugal u Holanda, escuadras que cuentan con unas plantillas de jóvenes prometedores y que tan sólo han pecado a la hora de la verdad de no saber competir en los momentos clave. Algo que, por una vez, España sí ha sabido hacer.

Como sorpresas del campeonato se podría destacar a Croacia, Turquía y Rusia. La primera arrasó en la fase de grupos para acabar derrotada ante un equipo por el que yo no hubiera apostado ni un euro. Y es que la suerte también juega, y el fútbol anárquico y veloz de Turquía consiguió alcanzar las semifinales encadenando una serie de milagros de esos que sólo suceden una vez cada muchos años.

Por el otro lado del cuadro, Rusia logró reponerse de la sonrrojante derrota ante España en el primer partido y fue ascendiendo en su nivel futbolístico hasta dar un baño a la espectacular selección holandesa. Pero luego llegó España y ni siquiera el emergente Arshavin bastó para frenar a los de Luis Aragonés. Aún así me queda la duda de qué hubiera sido de Rusia ante otros equipos de talla como Italia o Alemania...

En cuanto a las decepciones, que también las hay, se puede hacer mención a equipos como Suiza, República Checa o Suecia. Los suizos, tras su gran mundial en el 2006 y ser los anfitriones del torneo, deberían haber superado al menos la primera ronda, pero se encontraron en un grupo muy igualado en el que cualquiera podía haber pasado como segundo. De hecho, República Checa estuvo a punto de hacerlo, pero perdió en 15 minutos contra Turquía lo que se había ganado en los 75 anteriores. Lectura que nos lleva a pensar que toca cambio generacional para los centroeuropeos; al igual que para Suecia, que ha intentado seguir apostando por su vieja guardia encarnada en Mellberg, Larsson y Ljungberg y ha acabado realizando un torneo insulso.

Acabó la Eurocopa, pero con ella comienza una era de optimismo para todo el país. La historia ha cambiado y ahora podemos afrontar el Mundial de Sudáfrica con otros ojos. Esta vez sí. Porque pudimos, podemos y podremos.

Álbumes de música

Microsiervos | Frases, Citas

Microsiervos | Curiosidades

Microsiervos | Internet

Microsiervos | Películas / TV