jueves, 23 de octubre de 2014

Gareth Bale, la estrella sacrificada


No son pocos los que las últimas semanas se han animado a criticar a Gareth Bale. Mucho se espera este curso del galés, principalmente porque su ausencia en el Mundial le ha permitido descansar y completar la pretemporada desde el primer día. De hecho se podría decir que fue el mejor madridista en la gira por los Estados Unidos, pero a partir de ahí su fuerza se fue apagando poco a poco hasta dar lugar a un debate alimentado por un sector de opinión que tiene bastante poco de madridista.

La verdad es que suena bastante ridículo poner en duda a Bale. Sea en septiembre, en octubre o en mayo del año que viene. Porque el galés es un jugadorazo y a sus 25 años no tiene que demostrar nada a nadie. Aunque esta temporada se permitiera el lujo de sestear (cosa que evidentemente no hará) su fichaje ya está amortizado en una parte importante tras su primer año en el club. Casi de puntillas y sin llamar mucho la atención el zurdo marcó 22 goles y dio 16 asistencias en sus primeros 36 partidos oficiales con el Real Madrid, lo que equivale a decir que colaboró en más de un tanto por partido.

Gareth BaleAunque en este aspecto lo más importante es que demostró tener el don de aparecer en los partidos grandes. Hasta su fichaje por el Real Madrid, no había tenido la oportunidad de jugar muchas finales ni choques de relevancia por el hecho de estar en un club de segundo nivel como el Tottenham. Por eso su primera temporada en la capital de España fue como una pequeña prueba de fuego en la que demostró no arrugarse cuando la pelota normalmente 'quema' en los pies. En Mestalla hizo uno de los mejores goles de los últimos años para darle el título de Copa del Rey al Real Madrid cuando peor estaba la final para los blancos, mientras que en Lisboa supo acompañar la jugada para rematar suavemente el gol que acabó por despedazar al Atlético en la prórroga.

Bale ha 'caído' de pie en el club, pues ya tiene hecho lo más difícil. Normalmente el primer año es el peor por la adaptación, aunque el fútbol no es una ciencia exacta y tampoco se puede descartar que en su caso la segunda temporada sea más floja. Pero de ser así tampoco debería haber motivo para la preocupación, porque estamos ante un jugador que es capaz de aportar mucho a pesar de no mostrar demasiada brillantez. El galés es un jugador tremendamente eficiente que marca y asiste con suma facilidad. Por lo pronto, de manera muy similar a la campaña pasada y sin hacer mucho ruido, ya ha conseguido 7 goles y 4 asistencias en los 15 encuentros disputados hasta hoy.

Y no olvidemos que todo ello lo está logrando con un considerable 'hándicap': el de jugar en una posición que no es la suya. Bale en la banda derecha rinde por debajo de sus posibilidades. Se podría decir que se le nota incómodo, pues aunque se defiende con su pierna derecha no tiene la misma conducción de balón que en su banda natural. Su enorme talento le permite hacerlo bien prácticamente en cualquier posición del campo, algo que queda en evidencia en el hecho de que ha ido evolucionando desde el lateral izquierdo hasta las posiciones de delantero. Pero a pesar de esta polivalencia no se le puede exigir que rinda de sobresaliente todos los días y al mismo tiempo se sacrifique por el bien del equipo jugando en un puesto incómodo para él.

Tras poco más de un año viéndole jugar en el Real Madrid yo no albergo ninguna duda sobre Gareth Bale. Con su fichaje el Real Madrid ha tenido un enorme acierto. Es un futbolista de gran calidad y talento, con una enorme facilidad para aportar espectáculo y buenas estadísticas. Aunque esto no me parece lo más importante de todo. Su gran virtud es que es perfectamente consciente del rol que tiene en el equipo más importante del mundo. Sabe que su principal misión es sacrificarse por el equipo y jugar para que su compañero y amigo Cristiano Ronaldo brille cada día. El portugués es el gran 'crack' y Bale es uno de sus fieles escuderos. Por eso asume sin rechistar el planteamiento táctico de Ancelotti aunque éste no esté hecho a su medida, porque tiene claro que lo importante es sumar. Y eso es algo que él sabe hacer mejor que nadie.

domingo, 19 de octubre de 2014

La envidia también alimenta al Real Madrid


Esta semana el madridismo ha podido constatar cuánto daño ha hecho la 'Décima' en el barcelonismo. Tras años de silencio les ha llegado el momento de desempolvar los libros de historia para recuperar las viejas teorías conspiranoicas sobre la trayectoria del Real Madrid. Sin duda se trata de la mejor comprobación posible de que el fútbol español y europeo ha recuperado su jerarquía habitual, la que tiene a los blancos como referentes absolutos y a los azulgranas como eternos rezagados.

Alfredo Di StéfanoDurante cerca de un lustro la afición y la prensa culés no han necesitado volver atrás para justificar su evidente inferioridad histórica. Los últimos años han predicado el discurso del "aquí y ahora", una teoría según la cual los títulos en blanco y negro tienen menos valor por ser pasado. Pero ahora que venimos de un año de sequía en el Camp Nou toca volver a mirar atrás y recuperar una excusa que durante décadas ha servido a algunos para autojustificar algo que de otra forma les sería muy difícil de asimilar: que su eterno rival ha sido mejor que ellos durante la segunda mitad del siglo XX y que en ese tiempo puso tanto terreno de por medio que ahora parecen condenados a vivir permanentemente a su zaga.

El argumento fundamental es uno sencillo y complejo al mismo tiempo: la política. ¿Que el Real Madrid ganó muchas Ligas y Copas de Europa en los años cincuenta y sesenta? Pues el culpable fue Franco. Fácil, rápido y de difícil contraargumentación. Más que nada porque detrás de estos asuntos tan espinosos siempre hay sentimientos, ideologías, opiniones y realidades interpretables. No hay más que dibujar la historia desde un prisma interesado y subjetivo para conseguir toda una teoría que pone en duda la limpieza de los éxitos del club blanco. Total, el debate puede derivar en un "es mi opinión contra la tuya", lo que generalmente termina con un 'enroque' de posturas que dejará contento a todo culé partidario de la teoría conspiranoicas.

La historia no es objetiva y por eso hoy en día hay expertos que pueden tener opiniones enfrentadas en un mismo tema. Siempre habrá alguien que haga una interpretación diferente de los hechos, por mucho que los mismos parezcan claros. Por eso ponerse a discutir sobre si el franquismo ayudó al Real Madrid o al Barcelona es absurdo. Es simple y llanamente perder el tiempo. Cualquiera de las dos partes encontrará argumentos y sustentos para defender su posición y lo más probable es que sólo esté defendiendo una percepción adulterada de la realidad.

Por mi parte tengo claro un hecho inconstestable, que el Real Madrid siempre logró sus éxitos jugando once contra once en el campo. Ningún político saltó al campo para empujar a la red un pase de Di Stéfano o para rematar un centro de Gento. La grandeza del club se labró a mediados de los 50 gracias a dos pilares básicos que nadie es capaz de negar hoy en día: Di Stéfano y Bernabéu. Bien es cierto que el traspaso del hispano-argentino siempre será discutido por el barcelonismo, pero también lo es que está probado que fue el conjunto catalán el que decidió renunciar a los derechos del jugador a cambio de una compensación económica. Y es que en 1954 la 'Saeta Rubia' era sólo un buen jugador y prácticamente nadie podía sospechar hasta dónde iba a llegar.

Digo prácticamente nadie porque Bernabéu sí lo supo ver. El manchego fue probablemente el gran visionario de la historia del fútbol. Un hombre adelantado a su tiempo que fue capaz de dar con la 'tecla' a mediados de los cincuenta y a partir de ahí tuvo la inteligencia para mantener al club a la cabeza del fútbol mundial. En este deporte lo difícil no es llegar, sino mantenerse, y eso Bernabéu lo hizo con maestría. Apostó por Di Stéfano, acertó y cuando llegó el momento de decirle adiós lo hizo sin tapujos. A Don Santiago no le tembló nunca el pulso a la hora de tomar decisiones porque para él lo más importante era el Real Madrid. Y ahí estuvo el secreto de su fórmula.

Es una fórmula que el Real Madrid lleva ya en sus genes y que siempre le ha funcionado y le funcionará. Los jugadores, los entrenadores y los presidentes pasan, el club perdura. Y en ella reside la clave para haber sido el Mejor Club del Siglo XX y para seguir aspirando a serlo en el Siglo XXI. Ni Franco, ni políticos ni árbitros. 32 Ligas, 10 Copas de Europa o 19 Copas del Rey no se ganan en los despachos ni haciendo amigos en el palco. Es el resultado de esfuerzo e inteligencia, de hacer bien las cosas desde el 'año 0', el de la llegada de Di Stéfano, y de saber mantener un idilio permanente con el éxito. En definitiva, una serie de factores que hasta ahora sólo ha logrado conjuntar el Real Madrid. De ahí que sea un club admirado y odiado a partes iguales, como demuestra el último documental de 'TV3'. Un reportaje que hay que asumir como parte de este juego, pues la grandeza del Real Madrid también se alimenta de la envidia ajena. Y en ese sentido el madridismo también tiene mucho que agradecerle al barcelonismo, pues sin ellos no tendría tanto mérito haber llegado hasta aquí para ser los mejores.

miércoles, 1 de octubre de 2014

A Laso se le multiplican los caminos

Muchos quizá en junio no apostaban por ello, pero el cuarto Real Madrid de Laso ya está en marcha. El club supo tener paciencia y sangre fría y no cedió al impulso de destituir al vitoriano tras consumarse la enorme decepción que supuso no ganar la Liga o la Euroliga. Y es que la campaña del equipo blanco se resumió en un 'mucho ruido y pocas nueces' donde el espectacular baloncesto del equipo sólo pudo conformarse con la conquista de dos títulos menores como la Supercopa y la Copa del Rey.

Real Madrid de baloncestoEl golpe anímico de la final de Milán fue enorme. Se podría decir que en esa maldita final ante el Maccabi se acabó la temporada para el Real Madrid. Más que nada porque en los siguientes partidos el equipo sólo fue una sombra de lo que había sido unos pocos días antes. La campaña tuvo su colofón demasiado temprano, el del 100-62 al Barcelona en las semifinales. Un resultado que muchos madridistas no olvidaremos en la vida, aunque a la larga sólo fuera el inicio de una debacle inesperada.

Al final de temporada la sensación fue de haberse llevado un suspenso claro a pesar de que el año no acabó ni mucho menos en blanco. Pero aún así pesó la trayectoria de Laso y la ilusión que en este último tiempo había generado su equipo. Por mucho que estemos hablando del club de las ocho Copas de Europa, jugar dos finales de Euroliga consecutivas es un magnífico bagaje para una institución que se ha pasado casi dos décadas viendo estos partidos por la televisión. Por eso la dirección del baloncesto dio al técnico una nueva oportunidad, la que se había ganado a base de trabajo en los tres años que llevaba en el banquillo.

Y ahora en esas estamos. La sensación es que el club ha perdido un par de magníficas oportunidades de pasar a la historia coronándose en Europa. Pero probablemente por esto también merece la pena seguir intentándolo, porque la generación de Sergio Rodríguez, Llull, Rudy y Felipe no merece despedirse dentro de unos años sin haberle puesto la guinda a esta trayectoria. En consecuencia, con la continuidad del núcleo del grupo la apuesta sigue estando clara: hay que seguir intentándolo. Y el Madrid lo va a hacer con una plantilla muy reforzada que pone al servicio del entrenador un enorme abanico de oportunidades.

En este sentido el club ha doblado su apuesta. Conscientes de que la plantilla acabó desfondada la temporada pasada por una combinación de cansancio y lesiones, los responsables merengues han aceptado cerrar un grupo de 13 hombres de primer nivel. Este año el Madrid ha ido por la vía rápida y ha confeccionado un conjunto que mezcla veteranía, talento y 'mala leche'. Justo lo que probablemente le faltó el año pasado al equipo para triunfar. Los 5 nuevos fichajes son hombres bastante contrastados y de perfil variado, lo que a la larga Laso acabará agradeciendo por la multitud de opciones que se le presentan a la hora de plantear los partidos.

De cómo gestione el entrenador esta plantilla dependerá el éxito a final de la temporada. Por ahora las dos únicas referencias válidas son los partidos de Supercopa de la pasada semana, en los cuales el técnico pareció repartir de forma bastante equilibrada los minutos. Si se trató de una casualidad o de una declaración de intenciones lo sabremos en pocas semanas. Lo que sí está muy claro es que esta temporada la plantilla es más profunda y tiene más experiencia que la del año pasado. Se nota que en el club han querido darle una nueva vuelta de tuerca al equipo, quizás para afrontar la temporada como una última oportunidad para este proyecto maduro. Además, este curso la final europea será en Madrid y eso plantea una estupenda oportunidad de ponerle el broche de oro a este proyecto. Pero tampoco repitamos los viejos errores de precipitar los acontecimientos y empecemos de nuevo de cero teniendo muy presente a lección que sacamos del curso pasado: los títulos no se ganan en noviembre o en diciembre, sino en mayo y junio.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

La portería del Real Madrid se queda sin reglas

Iker Casillas y Keylor Navas
El Real Madrid traspasó el pasado mes de agosto a Diego López con el objetivo de eliminar de un plumazo el debate en la portería que en el último año y medio había desgastado al club. Sin embargo, poco más de un mes después de esta operación el club está viendo cómo su decisión sólo ha servido para todo lo contrario, pues en estos momentos el problema parece que se ha multiplicado exponencialmente.

No cabe duda que estamos ante un tema espinoso, por la presión mediática que se genera tanto por parte de los aficionados como de los medios de comunicación. Casillas no es un portero más, es el mejor cancerbero de la historia del fútbol español y uno de los más brillantes de todos los tiempos. Actualmente el mostoleño conserva una enorme legión de fans, aunque tampoco son pocos los que piensan que a sus 33 años debería dar un paso hacia a un lado para dejar paso a otros compañeros. Por lo tanto, el debate siempre va a estar en la calle y siempre habrá aficionados que le apoyen o que le piten.

La cuestión es cómo está gestionando el club esta situación. En estos 14 meses que lleva en el Real Madrid Ancelotti se ha caracterizado por gestionar de forma envidiable los conflictos que han ido surgiendo en uno de los vestuarios más complicados de llevar. Así, la recuperación para la causa de Di María fue un éxito atribuible del italiano; al igual que lo fue su solución en el asunto de la portería. El técnico encontró una solución bastante justa en la que se repartían las competiciones entre los dos cancerberos: Diego López la Liga y Casillas la Champions y la Copa del Rey.

El balance en este sentido fue muy positivo, pues el equipo conquistó dos títulos y no hubo necesidad de relegar a una suplencia continuada a ninguno de los dos porterazos que tenía el plantel. Pero este verano el club decidió cortar por lo sano, pensando que quizás lo idóneo para acallar el debate sería traspasar a Diego López para traer un portero más joven, de primer nivel y con la humildad y paciencia necesarias para asumir un rol de suplente en el tiempo que Casillas se mantuviera en el equipo. El problema es que hasta el momento Casillas no ha despejado las dudas sobre su rendimiento, sino más bien lo contrario. El capitán ha estado bastante desacertado e inseguro y ha acabado estando expuesto a una crítica feroz que no le ayuda a levantar cabeza.
 
Y en estas estábamos cuando ahora a Ancelotti se le ha ocurrido realizar una extraña rotación en la portería. De pronto el italiano ha decidido contar con Keylor Navas como titular ante el Elche, sin más premisas que la de su propia opinión y la de su cuerpo técnico. Hasta el partido de ayer el costarricense únicamente había disputado el partido amistoso que se jugó en Polonia ante la Fiorentina. Muy poco bagaje para uno de los porteros más en forma de la actualidad como quedó demostrado en el pasado Mundial de Brasil.

Por lo tanto, lo sorprendente no debe ser que ahora Keylor haya tenido minutos, sino en qué momento los ha tenido. Que también merece jugar es una evidencia, como lo era que Diego López merecía su cuota de oportunidades. Pero el tico ha aparecido en un momento importante de dudas y sin mediar ninguna 'regla' para regir su titularidad. Así como el año pasado cada portero sabía sus roles y competiciones, ahora la sensación es que se ha iniciado una política de rotaciones aleatorias en las que se impondrá el criterio del cuerpo técnico. Lo que viene a significar que el enorme 'globo' del debate que ya teníamos puede seguir creciendo en las próximas semanas.

La decisión de Ancelotti es valiente, pero tiene riesgos. Por ahora no ha dejado pistas sobre si se ceñirá a algún tipo de regla o costumbre. Es decir, la idea que se plantea es que estamos ante un año en el que un día podrá jugar Casillas y otro Keylor, sin importar la competición. Sólo mandará él como técnico a la hora de decidir. Y eso supone más presión mediática y más debate. Ahora la actuación de cada uno de los porteros se podrá medir y analizar y los números de uno y otro se podrán comparar. Algo que quizás sea positivo por incrementar la competencia entre ambos, pero que también puede convertirse en un arma de doble filo. Y es que este asunto no puede ni debe quedarse toda la temporada en las primeras planas de la actualidad del equipo, pues genera un gran desgaste y no ayuda precisamente a unir. Lo que me lleva a pensar que quizás ha sido un error terminar con lo que había demostrado funcionar tan bien la temporada pasada: el reparto de competiciones y roles en la portería.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Los once mejores jugadores no siempre hacen el mejor equipo

En este punto me resuta inevitable no recordar lo ocurrido en la temporada 2003/04. No porque crea que la cosa pueda acabar igual que entonces, que espero que no. De hecho, hay tiempo de sobra para corregir los errores que se están cometiendo. Sin embargo, hay algo de este nuevo Madrid que me remite al equipo que tras ganar la Champions en 2002 intentó seguir embelleciéndose hasta convertirse en un conjunto 'barroco' y sobrecargado de estrellas.

En el fútbol, como en la vida, los excesos no son buenos. Uno de sus puntos fuertes es que no se trata de una ciencia exacta, pues no está regido por matemáticas. Fichar a once estrellas no asegura el éxito si el entrenador no es capaz de que funcionen como un equipo. Y el Real Madrid de Queiroz fue un buen ejemplo de ello. Cuesta imaginar una plantilla con mejores jugadores que aquella, al menos en lo que refiere al once inicial. Por algo el club se ganó por entonces el apodo de 'galáctico'. No en vano, todo empezó de forma espectacular, con el equipo arrasando en todas las competiciones. Pero las opciones de lograr los títulos se fueron al traste en unos meses que ya forman parte de la historia negra del club.

Entonces el equipo cometió el error de pensar que con simplemente los nombres se podía ganar todo. La idea era poner a once muy buenos en el campo, sin importar si había equilibrio o no. Se podría decir que se intentó rizar el rizo utilizando como base el equipo que ganó la Novena en Glasgow, un conjunto quizás con menos calidad que el de 2004, pero bastante menos compensado. Y aquí es a donde me gustaría llegar. Noto cierta similitud con lo que vivimos estos días en que la eterna ambición devoradora del Real Madrid ha obligado al club a dar algo más a sus aficionados justo cuando menos hacían falta nuevos incentivos, tras la conquista de la Décima.

El pasado mes de mayo se ganó la Champions, sí. Pero resulta que este año vuelve a ser casi una obligación repetir el éxito. No en vano, es algo que nadie ha hecho desde que existe este formato de competición y esto es algo en lo que el Real Madrid también quiere ser pionero. Para ello se han hecho cuatro retoques en la plantilla, algunos de ellos obligados por las bajas obligadas de Xabi Alonso o Di María. Sin embargo, en lugar de buscar las opciones que mejor encajaban en las necesidades del equipo se ha dado prioridad a los nombres de moda. Y es que este 2014 ha sido año de Mundial, por lo que la directiva ha querido cuadrar el círculo con tres de los grandes cracks de la cita brasileña: Keylor, Kroos y James.

Carlo Ancelotti y James RodríguezDe ellos la presencia de Kroos y James está siendo prácticamente innegociable en el once en estas primeras semanas. Tanto por su calidad por lo que costaron. Sin embargo, cabe preguntarse si realmente encajan en el molde táctico que tenía el equipo hasta entonces. Porque ni el alemán es Xabi Alonso ni el colombiano es Di María. Ambos dan un salto de calidad en ataque al equipo, pero a cambio de menos trabajo atrás y de menos esfuerzo sin el balón. En estos momentos el Real Madrid juega sin mediocentro defensivo por la premisa de que a todos los buenos hay que ponerlos en el campo, olvidando que no siempre los once mejores hacen el mejor equipo posible.

No dudo que este Madrid necesite tiempo para ensamblarse, pero sí me genera dudas que con el once visto en el derbi ante el Atlético de Madrid se pueda llegar a un equilibrio similar al de la pasada temporada. Para mi gusto la participación de Illarra o Khedira (cuando este esté) debería ser innegociable, por una simple cuestión de compensación. Especialmente me sorprende el caso del vasco, quien fue fichado para relevar a Xabi Alonso y ahora que no está el tolosarra tiene todavía menos minutos que la pasada temporada. Quizás la clave está en que Illarra no es una estrella. Como Makelele en su momento, a quien el club dejó ir por considerarlo prescindible. Sin embargo, ese fue el primer error de los que provocaron que el Madrid de Queiroz se estrellara hace diez años. Aunque al menos ahora tenemos el consuelo de que tanto Illarra y Khedira siguen en la plantilla. Lo que significa aún hay tiempo de darse cuenta de que los títulos realmente no se ganan por el 'peso' de las estrellas, sino por el del esfuerzo.