miércoles, 17 de septiembre de 2014

Los once mejores jugadores no siempre hacen el mejor equipo

En este punto me resuta inevitable no recordar lo ocurrido en la temporada 2003/04. No porque crea que la cosa pueda acabar igual que entonces, que espero que no. De hecho, hay tiempo de sobra para corregir los errores que se están cometiendo. Sin embargo, hay algo de este nuevo Madrid que me remite al equipo que tras ganar la Champions en 2002 intentó seguir embelleciéndose hasta convertirse en un conjunto 'barroco' y sobrecargado de estrellas.

En el fútbol, como en la vida, los excesos no son buenos. Uno de sus puntos fuertes es que no se trata de una ciencia exacta, pues no está regido por matemáticas. Fichar a once estrellas no asegura el éxito si el entrenador no es capaz de que funcionen como un equipo. Y el Real Madrid de Queiroz fue un buen ejemplo de ello. Cuesta imaginar una plantilla con mejores jugadores que aquella, al menos en lo que refiere al once inicial. Por algo el club se ganó por entonces el apodo de 'galáctico'. No en vano, todo empezó de forma espectacular, con el equipo arrasando en todas las competiciones. Pero las opciones de lograr los títulos se fueron al traste en unos meses que ya forman parte de la historia negra del club.

Entonces el equipo cometió el error de pensar que con simplemente los nombres se podía ganar todo. La idea era poner a once muy buenos en el campo, sin importar si había equilibrio o no. Se podría decir que se intentó rizar el rizo utilizando como base el equipo que ganó la Novena en Glasgow, un conjunto quizás con menos calidad que el de 2004, pero bastante menos compensado. Y aquí es a donde me gustaría llegar. Noto cierta similitud con lo que vivimos estos días en que la eterna ambición devoradora del Real Madrid ha obligado al club a dar algo más a sus aficionados justo cuando menos hacían falta nuevos incentivos, tras la conquista de la Décima.

El pasado mes de mayo se ganó la Champions, sí. Pero resulta que este año vuelve a ser casi una obligación repetir el éxito. No en vano, es algo que nadie ha hecho desde que existe este formato de competición y esto es algo en lo que el Real Madrid también quiere ser pionero. Para ello se han hecho cuatro retoques en la plantilla, algunos de ellos obligados por las bajas obligadas de Xabi Alonso o Di María. Sin embargo, en lugar de buscar las opciones que mejor encajaban en las necesidades del equipo se ha dado prioridad a los nombres de moda. Y es que este 2014 ha sido año de Mundial, por lo que la directiva ha querido cuadrar el círculo con tres de los grandes cracks de la cita brasileña: Keylor, Kroos y James.

Carlo Ancelotti y James RodríguezDe ellos la presencia de Kroos y James está siendo prácticamente innegociable en el once en estas primeras semanas. Tanto por su calidad por lo que costaron. Sin embargo, cabe preguntarse si realmente encajan en el molde táctico que tenía el equipo hasta entonces. Porque ni el alemán es Xabi Alonso ni el colombiano es Di María. Ambos dan un salto de calidad en ataque al equipo, pero a cambio de menos trabajo atrás y de menos esfuerzo sin el balón. En estos momentos el Real Madrid juega sin mediocentro defensivo por la premisa de que a todos los buenos hay que ponerlos en el campo, olvidando que no siempre los once mejores hacen el mejor equipo posible.

No dudo que este Madrid necesite tiempo para ensamblarse, pero sí me genera dudas que con el once visto en el derbi ante el Atlético de Madrid se pueda llegar a un equilibrio similar al de la pasada temporada. Para mi gusto la participación de Illarra o Khedira (cuando este esté) debería ser innegociable, por una simple cuestión de compensación. Especialmente me sorprende el caso del vasco, quien fue fichado para relevar a Xabi Alonso y ahora que no está el tolosarra tiene todavía menos minutos que la pasada temporada. Quizás la clave está en que Illarra no es una estrella. Como Makelele en su momento, a quien el club dejó ir por considerarlo prescindible. Sin embargo, ese fue el primer error de los que provocaron que el Madrid de Queiroz se estrellara hace diez años. Aunque al menos ahora tenemos el consuelo de que tanto Illarra y Khedira siguen en la plantilla. Lo que significa aún hay tiempo de darse cuenta de que los títulos realmente no se ganan por el 'peso' de las estrellas, sino por el del esfuerzo.

domingo, 14 de septiembre de 2014

El Real Madrid, un esclavo del qué dirán

Ha vuelto a pasar. Es algo que empieza a convertirse en costumbre, en tradición para el Real Madrid. Año tras año, temporada tras temporada, vemos cómo el Real Madrid se deja un buen puñado de puntos en las primeras jornadas de Liga mientras sus grandes rivales ganan los partidos sin casi despeinarse. Y luego, como siempre, es el momento de hablar de conjuras, de que lo difícil no es imposible y de que quedan muchos partidos. Pero los milagros pasan una vez cada muchos años, diría que décadas. Y el último sucedió en 2007 con Capello. Hace nada, como quien dice.

Pero tampoco quiero precipitarme, pues quizá todavía no sea correcto usar la palabra 'milagro'. Sin embargo, seis puntos se antojan como una pequeña cuesta arriba en un momento crítico de la temporada. Y eso que la misma solo cuenta un mes de competición. Desde el gran partido de Cardiff al pésimo encuentro del Bernabéu ante el Atlético han mediado 32 días, tiempo más que suficiente para que el equipo haya dado mostrado sus dos caras más extremas. Lo malo es que la peor se vio el pasado sábado, en casa y ante el Atlético de Madrid. Aunque lo peor no es caer ante uno de los grandes rivales y uno de los principales candidatos al título (por mucho que el 'Cholo' se empeñe en vender su 'Vespa'). Lo peor es analizar la situación y darse cuenta de que el tiempo pasa y siguen sin atajarse los problemas más claros y básicos.

¿Que por qué tanto pesimismo? Pues porque la raíz del problema está en una plantilla corta y desequilibrada. Se habla mucho de Di María y Xabi Alonso, pero los dos jugadores querían irse. Y ya se sabe que cuando un futbolista fuerza la situación tiene todas las de ganar. Por lo tanto, el Real Madrid únicamente se adaptó a las circunstancias y las asumió. Pero su error vino después, porque el club se confió mirando la Décima en su vitrina. Se minusvaloró el papel que hacían el argentino y el español en el equipo, dando por hecho que los jugadores que ya había en la plantilla serían suficientes para cubrir estas dos importantes ausencias.

Sin embargo, ahora partido a partido nos estamos dando cuenta de que no hay dos jugadores como Xabi y Di María. Y si los hay, Ancelotti mira a otro lado. Me refiero a Illarramendi, el único jugador con Khedira lesionado que sería capaz de compensar las evidentes carencias del equipo en el centro del campo. No hay que ser muy perspicaz para ver que el centro del campo del Real Madrid no carbura con Kroos, Modric y James. Más que nada porque ninguno de ellos es un mediocentro de contención, un Xabi Alonso capaz de colaborar con los centrales en los marcajes y de hacer las coberturas a los laterales. Sin embargo, el italiano los sigue alineando, en un ejercicio de empecinamiento que tiene el dinero como responsable.

Jugadores del Real Madrid cabizbajosJames no tiene la culpa de lo que ha costado ni de ser mediapunta. Es muy bueno, pero si juega de interior pierde facultades y descompensa al equipo. El colombiano está metido con calzador porque ha costado casi 80 millones de euros, y ese dinero es una invitación a la titularidad. Su sitio está en uno de los tres puestos de ataque, los que ocupan Benzema, Cristiano o Bale. Quién deba jugar de los cuatro ya es problema del técnico. Pero el centro del campo necesita otra cosa, un centrocampista con capacidad de sacrificio y cuya prioridad sea guardar la posición delante de los centrales. No se fichó ningún jugador de este tipo este verano, pues Kroos no lo es, así que no queda otra que recurrir a los que ya tenemos. Por ello lo sangrante es que el sábado a Ancelotti no se le pasara por la cabeza el sábado dar minutos a Illarra, lo que viene a significar de que aún no es consciente del problema.

Y luego está la portería. Todo un problema que se soluciona fácilmente: con simple cordura. Que Iker ha sido el mejor portero del mundo durante una década nadie lo duda. Y que ya no está para ser titular tampoco. Creo que el primero que sabe que no está a la altura en estos momentos es él mismo. Su trayectoria le hacía merecedor de una nueva oportunidad de recuperar la titularidad, pero está quedando claro que le falta algo, empezando por confianza y acabando por agilidad. Con la venta de Diego López se ha conseguido justo el efecto contrario que se pensaba, pues el Madrid se deshizo del gallego queriendo huir de la polémica diaria y resulta que ahora tiene un debate elevado a la enésima potencia. Aunque con la diferencia en estos momentos de que hay una evidencia incontestable que se les hace difícil de negar incluso a los más incondicionales del portero de Móstoles.

En definitiva, la plantilla es la que es, al menos hasta el mes de enero. Sin embargo, no todo está perdido, pues hay recursos aprovechables en la plantilla a corto plazo. La clave es abrir los ojos y darse cuenta de los problemas. De que se han ido unos jugadores importantes y han venido otros también importantes, pero diferentes. Es lógico que el entrenador tenga ahora que hacer una labor de reconstrucción, pero eso es algo que se está haciendo desde la premisa equivocada de que no pasa nada si se cambia trabajo defensivo y sacrificio por más talento y calidad ofensiva. La táctica es la misma, pero ahora hay un jugador menos que trabaja (dos si se cuenta a Di María) y uno más que ataca. Y eso se traduce en un desequilibrio, cuyo origen está en el qué dirá la prensa y la afición. ¿Qué dirán si no juega James, el chico de los 80 millones de euros? ¿Qué dirán si no juega Casillas, el mejor portero de la historia de España? Pues que digan lo que quieran, porque lo importante es el Real Madrid y el equipo demanda soluciones al precio que sea.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Al campeón de Europa le toca reinventarse

Hace unas semanas expresaba en este espacio mi preocupación ante la posibilidad de que el Real Madrid se quedara con una plantilla corta para afrontar una temporada con seis competiciones en juego. Ahora, una vez terminado el mercado de fichajes, me ha quedado claro que el club tiene previsto afrontar el inicio de su año más ambicioso con uno de los 'fondos de armario' más cortos de los últimos tiempos. Aunque no totalmente por decisión propia, todo hay que decirlo.

Quizás el punto de inflexión de este verano se produjo cuando a pocos días del cierre del mercado Xabi Alonso se plantó delante de Florentino Pérez y José Ángel Sánchez para pedirles "encarecidamente" salir del club. Fue un paso inesperado y casi se podría decir que improvisado, impropio de un jugador cabal y profesional como el tolosarra. Las razones que están detrás de esta petición solo las conoce él, pero lo que nadie puede dudar es que al Real Madrid no le quedó otra que aceptar su petición. Xabi Alonso siempre ha ido de frente con el club y ha tenido un comportamiento exquisito en los cinco años que ha pasado en Concha Espina, por lo que el deber de la institución era escuchar y atender su petición.

El traspaso consiguiente dejó un boquete en la plantilla que el cuerpo técnico y la directiva minusvaloraron desde el primer momento. Ya lo dijo Florentino Pérez, pues aseguró que el club consideró que tenía el centro del campo bien cubierto aún teniendo en cuenta la venta de Xabi Alonso. Por ello nadie movió ni un dedo para reforzar la medular, dejando a Khedira e Illarramendi como sustitutos potenciales del internacional español. Sin embargo, el cruel destino tardó solo unas horas en tirar por los suelos esta planificación con la lesión del alemán. Seis semanas de baja y a empezar a la temporada con Illarra como único pivote defensivo para el campeón de Europa.

El problema que hay sobre la mesa es importante, pues ahora mismo Ancelotti tiene un puesto en el centro del campo que no tiene claro cómo ocupar. En las dos primeras jornadas ha optado por James, más por el peso de sus 80 millones de euros que por estar ya adaptado y acoplado al equipo. El colombiano es un excelente jugador, pero no es ni mucho menos Ángel Di María. Ni tiene su velocidad, ni su desborde ni su capacidad para desgastarse y recuperar balones. El resultado de su titularidad es que el Real Madrid está jugando con un once totalmente descompensado, donde todos los centrocampistas y delanteros tienen 'gen' ofensivo. No en vano, se podría decir que el equipo blanco jugó en Anoeta con cuatro jugadores con alma de mediapunta (Modric, James, Isco y hasta Benzema) en un planteamiento táctico que, paradójicamente, no deja lugar para mediapuntas.

James RodríguezUna de las claves de la situación actual está en la política de fichajes desarrollada este verano. El club gastó más de la mitad de lo presupuestado en James Rodríguez, un 'cromo repetido'. El cafetero es un futbolista enorme, pero con características muy similares a lo que ya tenía el Real Madrid. Fueron 80 millones que solo el tiempo dirá si se gastaron adecuadamente, pero que por lo pronto impidieron que esta inversión se realizara en otras posiciones que resultaban más necesarias, como el centro del campo. El resultado es un ataque plagado de talento, pero un medio carente de la mano de obra tan necesaria para mantener en pie a cualquier equipo que se precie.

Una de las primeras cosas que dijo Ancelotti al llegar al Real Madrid es que su objetivo era encontrar "el equilibrio". Y lo hizo sorprendentemente con Di María. Pero en los últimos meses el argentino hizo los movimientos oportunos para facilitar su salida. Por mucho que diga ahora que no quería irse, él fue el primero en generar dudas y en tener un comportamiento a todas luces molesto para la directiva. Por eso las ventas de Xabi Alonso o Di María no deben ser achacables al club, pues fueron los propios jugadores los que hicieron todo lo posible para irse.

Sin embargo, ahí acaba la exención de responsabilidades, porque el Madrid también debe asumir algunas. Han llegado cuatro magníficos jugadores, pero no se han potenciado adecuadamente las posiciones más débiles. A estas alturas hay una plantilla corta, sin extremos con desborde más allá de Bale (y Jesé cuando se recupere), con pocos centrocampistas con capacidad de sacrificio y con la incógnita en ataque de 'Chicharito', un voluntarioso delantero que no se sabe cómo va a responder. En definitiva, muchas dudas y pocas certezas justo cuando debería ser todo lo contrario. En mayo teníamos la 'Décima' bajo el brazo y la seguridad de estar haciendo bien las cosas, pero por una cosa o por otra ahora estamos ante un nuevo proyecto. Y eso significa que esta temporada el Real Madrid se va a tener que reinventar si quiere ser el primer equipo de la historia que revalida la Champions League.

domingo, 24 de agosto de 2014

Una Liga para pisar el acelerador desde el primer día

Nueva temporada y nueva hoja en blanco para escribir la trayectoria del Real Madrid en la Liga. Por delante quedan 38 intensas jornadas en las que el equipo blanco está obligado a dar la cara en una competición que lleva dos años dándole la espalda. Una vez conquistada la Champions tras doce años de sequía, la prioridad vuelve a posarse en el campeonato de la regularidad, pues el madridismo no puede permitirse una tercera decepción consecutiva en el torneo que más veces ha conquistado.

Quizás no lo parezca, pero el balance del Real Madrid en los últimos 25 años de la Liga no hace precisamente honor a su condición de dominador histórico de la competición. Desde 1990 (incluido) el conjunto de Concha Espina ha ganado 7 Ligas. Mientras tanto el Barcelona, su eterno rival, ha ganado una docena. Lo que supone más de la mitad de su palmarés liguero. De hecho, la tendencia se ha hecho más sangrante en la última década, con 6 Ligas culés por 3 madridistas. Y los datos no son peores porque al Atlético le dio por hacer una machada el pasado mes de mayo en el Calderón, pues en caso contrario podríamos estar hablando ahora de un ‘mini reinado’ barcelonista de dos temporadas.

Se suele decir que el fútbol son ciclos. Y bajo esta teoría el Barcelona acaba de salir del ciclo más ganador de su historia. Mientras tanto, el Real Madrid también acaba de terminar el suyo, aunque en su caso ha sido wl que se podría considerar como su peor ciclo desde los años 40. En la última década se han ganado algunos títulos, pero no muchos. Hasta la llegada de la ‘Décima’ el equipo penó durante varios años en Europa y en España solo se llevó alegrías a cuentagotas. Pero todo empezó a cambiar con la llega de Mourinho. El portugués fue el encargado de poner los cimientos de la casa, aunque los mismos tardaron en asentarse. Tanto que el verdadero período de bonanza no ha llegado realmente hasta que no estaba otro inquilino en el banquillo, Ancelotti

Tras la victoria en la Supercopa de Europa el pasado 12 de agosto tanto Ancelotti como Pepe coincidieron en afirmar que el Real Madrid está en condiciones de establecer un nuevo ciclo en el mundo del fútbol. Por ahora ya se han conquistado tres títulos (Copa del Rey, Champions y Supercopa de Europa). Un estupendo comienzo, desde luego. Pero ahora hay un nuevo reto en el horizonte, y el mismo tiene dos puntos claves: la Liga y la Champions.
Real Madrid en CardiffLa temporada pasada la Liga se acabó escapando por la dejadez de la plantilla ante el reto mayúsculo del partido de Lisboa. Por suerte todo salió cara y muy pocos siguen lamentándose de los partidos 'tirados' en Valladolid o Vigo. Sin embargo, con la 'Décima' ya en las vitrinas la Liga no puede volver a ser un segundo plato. Ya no hay una urgencia histórica en Europa, sino que más bien la urgencia se ha trasladado a la competición doméstica. Los dos últimos campeones ligueros son precisamente los eternos rivales del Real Madrid y eso es algo que este equipo debe intentar evitar que se repita esta temporada.

Equipo hay para conseguirlo, desde luego. Bajo mi punto de vista estamos ante la plantilla más completa de la historia del Real Madrid. Bien es cierto que la baja de Di María va a debilitar el ataque merengue, pero el club tiene una semana por delante para replantearse lo de fichar un delantero. Y más allá de este detall, estoy seguro de que este equipo está mucho más compensado línea por línea que el de los 'galácticos'. Por eso, este año ya sí que no hay excusa para no ir a por la Liga. Y para hacerlo hay que salir a por todas desde el primer día. Es decir, desde hoy.

Este conjunto está cogiendo la mala costumbre de dejarse puntos en las primeras jornadas, con la infundada tranquilidad de que los recuperará después. Pues no. Hay que desterrar esta idea, porque las Ligas también se ganan en la jornada tres, en la siete o en la catorce. Todos los días suman. Hay que aprovechar que estos primeros meses van a ser más tranquilos en la Champions y en la Copa para pisar el acelerador desde el primer día. No en vano, no se puede olvidar que en la tercera jornada nos espera el campeón, el Atlético en casa. Razón de más para aprender de los errores del pasado y para no dejarse llevar. Así que intentemos hacer un esfuerzo para que este año sean los demás los que tengan que remar a contracorriente desde el primer día. A ver qué pasa.

jueves, 14 de agosto de 2014

La moraleja del '¡Hala Madrid! ...y nada más'

Dice el estribillo del himno de la 'Décima' del Real Madrid "¡Hala Madrid!... y nada más". Y no le falta razón, porque el mensaje sigue sin calar demasiado en el madridismo. En los últimos dos meses la prensa y los aficionados han pasado más tiempo debatiendo sobre la polémica de la portería o sobre lo que twitteaban los jugadores que hablando de fútbol y del proyecto para la nueva temporada del que es, no lo olvidemos, el actual campeón de Europa.

El Real Madrid es un club que mueve millones de personas. En su afición aglutina a multitud de seguidores, cada uno con sus propias opiniones, pasiones e ideas. Por eso es normal que haya un debate continuo sobre los diferentes aspectos de la actualidad del equipo. Sin embargo, creo que se ha llegado a un punto nocivo para el club, pues algunos medios se han encargado de azuzar polémicas estúpidas cogidas con 'pinzas'. Hechos anecdóticos como el 'retwitteo' de Arbeloa de una guía que criticaba a Casillas o el supuesto 'Me gusta' del mostoleño a un comentario que criticaba a Diego López se han convertido en motivos de polémica gratuita para perjuicio del vestuario merengue.

En este contexto algunos medios se han movido encantados, ya que el morbo vende periódicos y el periodismo deportivo se ha polarizado hacia los extremos en su búsqueda de la rentabilidad económica. En el caso de Arbeloa se cogió la parte (un simple retweet) y se llevó al todo, como dando por hecho que 'rebotar' el documento suponía un acuerdo con cada línea que figuraba en él. Se trata de una lectura de los hechos a todas luces exagerada y propia del amarillismo del que piensa que una mentira no debe estropear la perspectiva de tener una noticia llamativa.  El resultado fue un debate artificial y fuera de lugar que obligó a Arbeloa a aclarar algo que muchos nos imáginabamos por simple lógica.

Con el caso de Casillas se podría decir más de lo mismo. Las redes sociales son peligrosas y no siempre detrás de una cuenta oficial está el propio jugador. Las grandes estrellas suelen compartir sus perfiles con equipos de comunicación, por lo que los fallos y errores están a la orden del día. Por ello estos hechos se deben ver más como una anécdota que como argumentos serios a la hora de valorar si un jugador se lleva bien o no con otro. El objetivo de la mayoría de medios será alimentar el incendio siempre que haya unas chispas prendiendo, pero el madridismo no debe caer en el error de seguirles el juego para evitar que el sectarismo se acabe apropiando del día a día de la institución.

Real Madrid celebrando la Supercopa de EuropaEl Real Madrid es el club más grande del mundo fundamentalmente gracias a dos señores: Santiago Bernabéu y Alfredo Di Stéfano. Ambos, a su manera, pusieron las bases necesarias y dieron el empujón preciso para que el club navegara durante el resto de su historia a beneficio de corriente. No son pocos los que atacan los éxitos del equipo blanco repitiendo hasta la extenuación que el club se gasta cada año muchos millones de euros en fichajes. Pues sí, esto es así. Pero se gasta el dinero porque él mismo lo genera. Y lo genera porque es el mejor equipo del planeta. Algo que ha logrado partiendo de cero desde su fundación, como todo el mundo, hasta convertirse en lo que es hoy. Son 112 años de historia en los que este club ha hecho las cosas mejor que nadie y ahora tiene el privilegio de recoger los frutos de su magnífica labor cultivada durante décadas y décadas. Títulos que desprenden el sudor añejo de más de un siglo de trabajo modélico.

Sin embargo, ahora ni Bernabéu ni Di Stéfano están. Y el Real Madrid sigue ganando títulos. El último hace dos días. Y así seguirá siendo, mientras el fútbol sea fútbol u ocurra un cataclismo deportivo para la institución por los avatares del destino. La reflexión es que hemos llegado a un punto en que nadie, ningún nombre, es más importante que este escudo. Ni Florentino Pérez, ni Casillas, ni Arbeloa. Ni siquiera Bernabéu o Di Stéfano, a pesar de lo mucho que se les debe.

Lo que importa es el Real Madrid. Por aquí han pasado muchos nombres otros, desde Gento a Zidane, pasando por Amancio y Butragueño. Y todos ellos se han ido como llegaron, pero los días y los títulos han seguido cayendo, como siempre. Esto es lo que distingue al Madrid del resto de equipos del mundo: es un club sagrado. Así que será mejor que dejemos de lado los nombres y miremos todos por el interés de este equipo. El cual, por cierto, está en el mejor momento de la última década. Nos ha costado mucho llegar de nuevo a este punto como para perder cada uno de estos valiosos segundos como campeones europeos criticándonos entre nosotros. Lo que el madridismo quiere, a la larga, es ganar todos los títulos posibles. Así que prioricemos nuestros esfuerzos en eso y no malgastemos ni un sólo ápice de energía en polémicas absurdas. De hacerlo, seguro que nos irá (aún) mejor.