sábado, 1 de octubre de 2011

La tabla de Mourinho



He de confesar que estoy cansado. Cansado de que se critique, sin ton ni son a Mourinho. De que aficionados que no son del Real Madrid hablen cómo deben ser sus valores y se empeñen en dar lecciones sobre su señorío. De que algunos medios interpreten de manera negativa todo lo que sucede en el club, mientras le ríen las gracias a Guardiola y demonizan al entrenador portugués. De que muchos se crean que este equipo, para seguir siendo grande, debe dejar defender sus intereses y agachar la cabeza ante lo que considera que son injusticias.

Al Madrid le llueven últimamente los palos de todos lados. Hasta la UEFA ya no se corta, quizás espoleada por la corriente de desprestigio existente en el mundo entero contra este equipo. Ya que, seamos claros, lo que se lleva ahora es ser antimadridista. Mourinho es la excusa perfecta, porque como es un técnico sin medias tintas, al que se le quiere o se le odia, pues los detractores del madridismo han visto el cielo abierto con él. El que no está con el portugués lo ve como alguien muy antipático, algo que él mismo fomenta con gusto. Porque él no necesita más, le basta con conseguir que hablen de él, aunque sea mal.


 
Aún así, lo del antimadridismo no es algo nuevo. A lo largo de la historia, el Madrid ha generado, genera y generará muchas envidias. Es lo que tiene ser el mejor club del siglo XX. A este equipo siempre se le ha temido a donde ha ido, un sentimiento que acaba derivando en una especie de odio que se plasma en el antimadridismo mencionado. Lo que pasa es que, con Mourinho, muchos han tenido pábulo y excusa para exhibirlo. Como el entrenador no suele caer bien, pues la gente se permite el lujo de criticarlo haga lo que haga. Si rota, porque no pone a los titulares. Si repite alineación, porque no da descanso a la plantilla. Si critica a un jugador, porque echa balones fuera. Si carga con las culpas, porque se ha equivocado en el planteamiento... En definitiva, llegará el día que sea acusado de respirar.

Por todo ello, tengo la sensación de que hay un interés velado por conseguir que Mou se vaya del Madrid. Todo producto de una serie de factores, entre los que se encuentran sus propios errores (dedo incluido), su polémico comportamiento de cara a la sociedad, su calidad incuestionable como entrenador y el miedo que produce en Barcelona. Sí, exactamente a lo mismo a lo que me refería en el párrafo anterior: temor. En el conjunto azulgrana, Mourinho preocupa. Y mucho. Digamos que es como el hijo vilipendiado en el pasado, que ahora ha vuelto para pasar factura. Y lo hace comandando al enemigo más peligroso, el eterno. El Real Madrid.

Pero vamos más allá. Porque el portugués no es solo el mejor entrenador del mundo junto a Guardiola. Es el undécimo técnico del equipo en los últimos nueve años. Y el único que parece que va a estar en el equipo más del año y medio que estuvo Schuster. Es decir, la cabeza del primer proyecto serio que ha habido en Chamartín en la última década. Un oasis de estabilidad en un desierto de penurias deportivas de este club. En definitiva, un hilo para la esperanza del madridismo, un motivo para la ilusión y para pensar en el fin de ciclo azulgrana.

Porque si hay alguien capacitado para superar a uno de los mejores equipos de la historia, el actual Barcelona, ése es Mourinho. Como si fuera un náufrago en pleno, mar, el Real Madrid se ha agarrado a su tabla. Ya no hay vuelta atrás. Con sus cosas buenas, muchas, y con sus cosas malas, otras tantas. Esto es una huida hacia delante, es una apuesta que no da concesiones al abandono. Porque hacerlo sería destrozar, de nuevo, un proyecto que está naciendo ahora. Sería volver a los errores del pasado, cayendo otra vez en la oscuridad justo cuando se empezaba a ver la luz. Porque este club no puede permitirse destrozar todo el trabajo hecho en el pasado año, ya que eso implicaría fracaso y la prolongación, más todavía, del actual éxito azulgrana.

Por eso muchos le quieren fuera del Madrid. Porque implica plantarle cara al Barcelona saliéndose de los cauces normales. Porque como dice Florentino Pérez, Mourinho le ha abierto los ojos a este club. Le ha enseñado a competir, a tener claro lo que quiere. A no agachar la cabeza ante lo que cree injusto. A pelear por sus intereses. Le ha hecho ver que el Real Madrid no debe tener nunca complejos y que no merece ser ninguneado, por la UEFA, por los arbitrajes, o por quién sea. Ha recuperado el orgullo de este club, la parte del señorío que muchos no quieren entender y que también es inherente a esta institución. Y es que, con él, el Madrid ha dejado de ser cándido y de estar perdido, a la deriva. Ahora, está fuermente agarrado a la tabla de Mourinho.

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